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The Disaster Artist: la obra maestra de James Franco

Viernes, 19 de Enero 2018 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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Con The Disaster Artist: Obra maestra James Franco se levanta como uno de los mejores directores industriales de la actualidad.

Francamente, no aguanté ni los 10 primeros minutos de The Room (2013), obra de culto del inefable Tommy Wiseau. En realidad no la encontré tan chistosa ni tan “obra maestra del mal gusto” como dicen todos los hipsters del RoCoCo (Roma, Condesa, Coyoacán). Lo que vi fue una malechura impresionante y sobre todo, falta de talento. Los que la volvieron obra de culto son aquellos que movidos por un espíritu “contra revolucionario” les da por considerar “de culto” todo aquello que de tan mal hecho da risa pero de burla. Juan Orol, Uwe Boll, Ed Wood, entre otros, se han ganado el “cariño” del público a base de hacer basura que causa más pena ajena que risa.

The Disaster Artist: obra maestra (2017, James Franco), basada en la novela The Disaster Artist: My Life Inside The Room, the Greatest Bad Movie Ever Made, de Greg Sestero y Tom Bissell, cuenta las andanzas de Sestero cuando conoce a un estrafalario Tommy Wiseau en una clase de teatro. Ambos, pésimos actores, intentan hacer carrera en Los Ángeles, California, sin ningún éxito. Debido a esto y gracias a una inexplicable fortuna, Wiseau escribe y dirige su propia película, que con el paso del tiempo se ha convertido en objeto de culto y motivo de diversos análisis cinematográficos, ensayos e incluso documentales – se sabe que el mismo Wiseau hizo todo lo posible para que se detuviera la exhibición del documental Room Full of Spoons, 2016, de Rick Harper, que intentaba explicar el éxito de su filme.

James Franco dirige la cinta y le deja a su hermano, Dave Franco, el personaje de Sestero, mientras él interpreta de forma magistral al surreal Wiseau, un tipo egocéntrico, inseguro, aparentemente con tintes homosexuales y sobre todo, con una lógica imposible de entender en términos racionales. Su total desconocimiento del lenguaje cinematográfico, de nociones básicas de actuación y de moralidad, son retratadas por Franco con total claridad, pareciera que se sumergió en la mente del Wiseau y le extrajo los pensamientos para poder después recrearlos cuadro por cuadro, como hizo con las escenas de la cinta. Pero lejos de simplemente realizar un retrato del trastornado autor, el director utiliza la delirante historia de cómo se realizó The Room para a la vez crear un mosaico del éxito en América. A pesar de saber que el tipo está demente, todos buscan sacar provecho de la situación: los actores que a pesar de las inhumanas condiciones en que eran tratados seguían ahí, los técnicos que sentían que el tipo era un idiota que no sabía lo que hacía, todos, a pesar de saber que el filme era una basura, que no los iba a llevar a ninguna parte en su carrera, no se iban porque de algún modo, el que la producción se extendiera por meses, les permitía tener un salario seguro por algún tiempo, algo poco común en el show business. La forma en que el actor y director refleja a Tommy Wiseau es una mezcla de extrañamiento, solidaridad y desconcierto al mismo tiempo.

Lejos de buscar la biopic de autor, que volvió un éxito de culto a Ed Wood (1994, Tim Burton) y un fracaso total a El fantástico mundo de Juan Orol (2012, Sebastián del Amo), Franco realiza una obra personal, es cierto, pero que de la misma manera trata de agradar a todo mundo. Decir que es una cinta comercial no es un insulto, por el contrario, funciona para la crítica y para el público en general. Curiosamente, aunque el filme que retrata está lleno de humor involuntario, The Disaster Artist es una obra seria, a pesar de estar planeada como una comedia, lo cual no está para nada mal, ya que eso demuestra que el realizador estaba más preocupado por relatar con justicia la sui generis historia del “filme más malo del mundo”, según la elite snob de la Cineteca Nacional.

El Golden Globe ganado por el intérprete como Mejor Actor del año está más que merecido, pero por desgracia, su camino hacia el Óscar lo tiene muy incierto.

Pocos minutos después de haber recibido el galardón, en redes sociales empezaron acusaciones hacia el artista por supuesta conducta sexual indebida. De inmediato empezaron a correr rumores de su no participación en la entrega de premio de la Academia. Algo injusto si no se comprueban las acusaciones en su contra. Pero lejos de si gana o no el prestigiado trofeo, lo que es evidente es que Franco es un artista fuera de la regla y que difícilmente otro autor hubiera podido adentrarse tanto en la psique de un ser tan extraño e ilógico como su obra misma.

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Número 15 - febrero 2018
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