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Rumbo al Óscar: Zootopia y la mejor película (animada)

Viernes, 24 de Febrero 2017 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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Los dibujos animados nacieron antes que el cinematógrafo y las películas, de hecho, su formato es la base de lo que hoy se conoce como “cine” (imágenes intercaladas a una velocidad de 24 cuadros por segundo, que bueno, con el cine digital se llega a 48 por segundo). Desde el teatro de sombras hasta la linterna mágica, se emplearon dibujos en secuencia para simular el movimiento. Unos años después de la llegada del invento de Edison (y de los Hermanos Lumière), aparece el corto The Enchanted Drawing (1900, J. Stuart Blackton), producido por Edison, que integra por primera vez animación a una cinta, quizá influenciado por los experimentos de Georges Méliès, el padre de los efectos especiales. Poco a poco se van produciendo más y más trabajos de este tipo, hasta que el polémico Walt Disney aparece en escena y convierte a los hasta entonces cortos animados en cintas con sonido, color, larga duración y sobre todo, la espectacularidad propia de Hollywood. Blanca Nieves y los siete enanos (Snow White and the Seven Dwarfs, 1938, David Hand, William Cottrell, Larry Morey, Perce Pearce y Ben Sharpsteen), producida por Disney, se transformará en la primera en ganar un premio de la Academia, aunque fuera uno por logros técnicos (mucho tiempo se dijo que era el primer largo animado de la historia, pero hace unos años se averiguó que el honor le corresponde a la argentina El apóstol, dirigida por Federico Valle y Quirino Cristiani en 1917 y que actualmente está perdida). A pesar de que muchos de este tipo de filmes fueron distinguidos a través de los años, pocos han sido considerados en la categoría principal. El renacimiento de la animación en los años noventa, con los trabajos del estudio de Campanita y el Ratón, con técnicas cada vez más impresionantes, y el nacimiento del CGI (imágenes generadas por computadora, por sus siglas en inglés), obligarían a la Academia a tomarlas en cuenta y crear un espacio especial para ellas a partir del año 2001. La primer ganadora fue Shrek (2001, Andrew Adamson y Vicky Jenson), seguida por El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001, Hayao Miyazaki) y Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003, Andrew Stanton y Lee Unkrich). Cabe mencionar que al igual que las contempladas como mejor película del año, la mayoría de las veces no son ni las mejores ni las más interesantes, aunque en ocasiones, es indiscutible el porqué subieron sus autores a recibir la estatua dorada (Up, 2009, de Pete Docter, por ejemplo). Algunas obras como Las trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville, 2003, Sylvain Chomet), El increíble castillo vagabundo (Hauru no ugoku shiro, 2004, Hayao Miyazaki), Persepolis (2007, Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi) o El niño y el mundo (O Menino e o Mundo, 2013, Ale Abreu), eran superiores a Buscando a Nemo, Ratatouille (2007, Brad Bird) o Intensa Mente (Inside Out, 2015, Pete Docter y Ronnie del Carmen). Este año la muy floja lista de cintas está formada por las francesas, La tortuga roja (La tortue rouge, 2016, Michaël Dudok de Wit) y La vida de Calabacín (Ma vie de courgette, 2016, Claude Barras), que han recibido muy buenas críticas, pero que no he visto porque la primera no tiene fecha de estreno (y no soy como los de Café con cine que seguramente la vieron pirata, LOL), y la segunda se presenta hasta marzo. Las otras son, la muy aburrida aunque visualmente hermosa Kubo y la búsqueda del samurái (Kubo and the Two Strings, 2016, Travis Knight), Moana: Un Mar de Aventuras (Moana, 2016, Ron Clements y John Musker, la demostración de que Pixar ya no tiene ideas) y la sorpresa de la competencia: Zootopia (2016, Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush)

Empecemos por el hecho de que es un trabajo de los Estudios Disney, siempre muy moralistas y reaccionarios. En el momento del anuncio de su estreno no causó mayor expectativa por aparentar ser un trabajo destinado a vender peluches (que lo fue al final). Al presentarse, los espectadores se llevaron la impresión de su vida, porque es un divertido y muy directo análisis del racismo, las drogas y los prejuicios que existen en una sociedad multicultural como la norteamericana, como ya había comentado en su momento en mi blog cinetlacopan.blogspot.mx. Zootopía es una ciudad construida para ser un lugar en el que pueden convivir todas las especies animales. Está dividida en zonas para cada una de ellas. En este lugar que celebra la integración existen, sin embargo, diferencias sociales. Los animales están divididos en presas y depredadores. La conejita Judy quiere ser policía, pero al ser considerada de una de las especies más tranquilas y nerviosas, nadie la toma en serio. Hasta que se topa con el zorro Nick, un timador profesional. Juntos descubrirán que en ese lugar existe una red que trafica con una droga que vuelve a los depredadores animales salvajes. Todos los prejuicios raciales existentes en la ciudad serán vistos con tristeza y asombro por los tiernos protagonistas (¡la escena del club nudista!), en un trabajo que podría ser una buddy movie como Arma mortal (Lethal Weapon, 1987, Richard Donner). Podría ganar el Óscar por ser una de las producciones más sui generis de Disney en toda su historia, más subversiva que muchas animaciones para adultos como Anomalisa (2016, Charlie Kaufman y Duke Johnson), que se presumía como la cinta de animación más madura de la historia. Ha ganado muchos premios, entre ellos el Globo de Oro, el Critics Choice Award y el BAFTA, así que sin duda, prácticamente tiene la figura del Indio Fernández en la bolsa. Pero como dice el dicho, “del plato a la boca, a veces se cae la sopa” y podría llevarse el chasco de irse con las manos vacías, simplemente porque es un filme fuera de lugar entre lo que pueden querer premiar los académicos. El año pasado estuvieron nominados Anomalisa y El niño y el mundo, una dura obra que hablaba sobre el amor y una que reflexionaba sobre la desigualdad económica y cultural en Brasil. Les ganó la sobrevalorada Intensa Mente, cuyo único mérito es el de ser un material didáctico que no faltará en las clases de psicología del adolescente. Y como se las gasta la Academia, son capaces de darle el galardón a Moana porque les quedó muy realista el mar.

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Número 18 - mayo 2018
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