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Retiemble en sus centros la tierra

Martes, 26 de Septiembre 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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Presencié el acto de Honores a la Bandera en un colegio. Viendo a los niños, a la escolta y a la formación ordenada de todos los alumnos, recordé, por cuestión de segundos, los actos a la bandera de mi colegio. El sentimiento de antes era enorme y esta vez no fue diferente, solo que, al mismo tiempo que marchaba la escolta ondeando la enseña tricolor, vi cómo ondeaban en el aire las etapas que han cambiado esa distinción patriótica.

No me fue posible concentrarme en los otros tiempos, en los que ya no existen, en los que se borraron cuando la burla fue permitida y los políticos se arrancaron las máscaras, aunado todo a los acontecimientos que se viven por los temblores, a las mentiras, las falsedades, las realidades ocultas y a la visibles, a los desaparecidos y a quienes perdieron la vida debajo de los escombros y a manos del gobierno.

La entonación del Himno Nacional fue otro golpe a la emoción. Imposible no relacionar los hechos sangrientos que se suceden todos los días en todas las ciudades, con la sangre derramada. Imposible no enfrentar la guerra que dio origen a la letra de la canción con la guerra del día a día entre el narcotráfico, la política y los ciudadanos. Lo que no se pierde de vista, son los hijos, los soldados de la patria, los que no llevan uniforme y los que lo portan con honor.

El Himno Nacional se escribió cuando en México pasaban otras cosas, se vivía de otra forma y los mexicanos conocían el respeto a la patria. El tiempo de este México no es aquel, este tiene otras guerras, otras sangres, otros hijos, otros dirigentes. Los destinos y las hazañas de los hijos de aquella patria eran diferentes a los de hoy. Todo lo que reza el himno de Francisco González Bocanegra relata la historia que formó a la Patria y que ya no es.

El himno ha tenido controversias a través del tiempo, desde 1854, cuando el cierre de la convocatoria para musicalizar la obra del poeta Francisco González Bocanegra tuvo que ser aplazado más de cien días porque el ganador, Giovanni Bottesini fue descalificado por haber incumplido con los requisitos y Jaime Nunó, amigo y protegido de Santa Anna, gana el concurso; de cualquier manera, fue el mismo Bottesini quien dirigió la interpretación inaugural el 15 de septiembre de 1854.

En 1855, Jaime Nunó huye a La Habana siguiendo a su protector Antonio López de Santa Anna para después instalarse en Estados Unidos; González Bocanegra se esconde hasta su muerte en 1861. El expresidente por cobarde y los otros dos, por miedo a las represalias, ya que dos estrofas del himno ganador enarbolaban a dos grandes traidores.

La polémica y controversia han sido bastas y no se ha conseguido más que dejar de cantar las estrofas IV y VII. Oficialmente, solo se cantan las estrofas, I, V, VI, X y el estribillo. En tiempos modernos, Javier Sicilia, propuso que se eliminara “Mexicanos, al grito de guerra”, aduciendo que el país no estaba para convocar a una guerra, que era necesario encontrar la paz nacional. No se lo permitieron a Benito Juárez como presidente, poco podía esperar Sicilia, porque si de eliminar estrofas se tratara, ya no quedaría más que la música y el soldado en cada hijo.

Cada sector, cada ciudad, cada lastimado pediría que se elimine una y otra frase o estrofas completas. Los de izquierda y los de derecha, querrán cambiarlo todo. La iglesia agregaría. Los familiares de los muertos y asesinados eliminarían la sangre derramada y el país, como territorio, eliminaría: “Y retiemble en sus centros la tierra”, por pura precaución, por aquello de los malos augurios y la creencia de los antepasados a no llamar las desgracias con rituales equivocados. Cada lunes en las escuelas, cada ceremonia oficial, cada pelea de box, cada olimpiada se grita y parece que se implora: ¡Y retiemble es sus centros la tierra!

Por curiosidad y haciendo un recuento, desde que se tiene registro de los temblores, sismos y terremotos, a partir del primer registro en 1465 y hasta 1943, en 460 años hubo 60 sismos en tierra azteca.

En 1943, Manuel Ávila Camacho instituyó oficialmente el Himno Nacional empezándose a cantar en todos lados, ese mismo año nace el volcán Paricutín, y retiemble en sus centros la tierra, desaparece Parangaricutiro.

De 1943, (y retiemble en sus centros la tierra) a la fecha, se tienen registrados en territorio nacional, con magnitud de 5.5 y mayor, 99 temblores contando el sucedido el pasado 19 de septiembre. En 74 años, 8 en enero, 8 en febrero, 7 en marzo, 17 en abril, 11 en mayo, 8 en junio, 6 en julio, 9 en agosto, 9 en septiembre, 8 en octubre, 5 en noviembre y 3 en diciembre.

“Y retiemble en sus centros la tierra” y mucho en la letra del himno suena a ritual equivocado, qué tal, como dicen los estudiosos de programación neurolingüística, se cancela. Si querían que no le cantáramos a los traidores, tampoco está bonito que le cantemos a los temblores y a la guerra. Nos queda la enseña tricolor y de paso, también le quitamos la etiqueta de sangre al rojo.

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Número 12 - noviembre 2017
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