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Reporte 79

Martes, 10 de Abril 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Como estudiosa de las ciencias de la comunicación y aunque hace ya algunos ayeres que pisé las aulas universitarias, recuerdo las asignaturas que afirmaron mi gusto por la comunicación, esas que no llevan a un micrófono o a una cámara de televisión sino al pensamiento crítico como lo fueron la sociología y la filosofía de la comunicación, las cuales me enseñaron lo suficiente como para tener la certeza de que la información derivada de los medios de comunicación trasciende más allá de calificarla como falsa o verdadera. Y es que pocos saben la historia que encierra el origen y auge de los medios (nos referimos a medios como los instrumentos o formas de contenido a través de los cuales se realiza el proceso de comunicación y en particular, a los medios masivos de comunicación: prensa, radio y recientemente, Internet) los cuales no cumplirían con su función sin la existencia del público (personas que opinan a fin de establecer el diálogo desde un punto de acción y la autonomía para construir público sin mediación de las instituciones) y la masa (grupo que recibe pasivamente las representaciones de la realidad a través de los medios masivos, que no tiene posibilidad de retroalimentación y cuyo margen de acción es controlados por las esferas del poder para impedir la formación de opinión). Es así, que la reciente ola de desprestigio informativo va de la mano de aquéllos a quienes conviene que la opinión pública se divida y la masa se mal informe a fin de obtener beneficios y es que, sin necesidad de ser un estudioso de la comunicación es posible discriminar (en el sentido de ver o percibir dos conceptos o dos realidades como diferentes) entre las diferentes formas de presentar la información y elegir el medio que bajo una percepción personal sea el que nos provea de información verídica según nuestras mismas preferencias.

En tiempos de innovación tecnológica, las redes sociales se han posicionado como fuentes primarias de información al ser utilizadas en tiempo real para capturar de forma instantánea momentos que se convierten en hechos noticiosos; sin embargo, no podemos convertirlas en fuentes informativas principales pues aunque lo dudemos, también están al servicio de las esferas de poder y por supuesto, nos alienan y controlan si no son utilizadas de forma responsable y ética. Tal es el caso del reciente escándalo que envolvió a Facebook y de lo cual ya nos advertía Noam Chomsky (Lingüista, Escritor y Pensador Estadounidense) el año pasado respecto a la interferencia en las elecciones de Alemania en apoyo al partido fascista y además, nos alerta sobre el control que ejerce la llamada realidad virtual (Internet) para sesgar nuestras preferencias no sólo electorales sino de consumo en general, pero es que así conviene a las esferas del poder y millones de habitantes en el mundo aceptan esa realidad digerida por los medios que no les genera inquietud alguna, ni los mueve a buscar información verídica y formarse opinión pública porque es lo más cómodo; sin embargo, no significa que no hay periodistas éticos o medios que informen objetivamente, simplemente que al no tener un criterio propio, tampoco se está en posibilidad de analizar y de realizar una crítica profunda sino que el consumidor de noticias se engancha de lo primero que lee y señala y acusa sin detenerse a verificar la información o asegurarse de que la fuente sea confiable y por ello, todos somos en parte responsables del surgimiento de las fake news por aceptarlas, divulgarlas y peor aún, colocarlas en un lugar por encima de las fuentes oficiales, a lo que Chomsky tiene una explicación: “Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones… La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie.” Así que el descrédito de las instituciones y las fuentes informativas tiene su razón de ser, mas no se justifica ni es una salida de bote pronto para decir que se es crítico y por eso se señala a los medios informativos, hace falta entender que la información es poder y que siempre tendrá una percepción propia tanto de quien la genera como de quien la difunde, eso es lo que hace posible la diversidad, la existencia de medios independientes (que van en contra de la ideología del sistema pero que también nos presentan su visión particular de los hechos) y la pluralidad de las ideas, solo es cuestión de ser más reflexivos y estudiosos de los temas de interés.

¡Se los dejo de tarea!


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Número 23 - Noviembre 2018
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