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¿Qué es una obra maestra?

Lunes, 13 de Junio 2016 - 15:00

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Juan Mireles

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Hablar de obra maestra es recordar libros, piezas musicales, pinturas, fotografías y demás que, junto a sus autores, han conseguido la trascendencia, que lograron estar un poco más allá de lo posible, de lo especificidad de lo finito.

La Gioconda de Leonardo da Vinci, por ejemplo, es una obra maestra que incluso, sin que tengamos un amplio conocimiento en arte, se presiente de esta forma, porque consiguió traspasar la barrera del tiempo: logró conjuntar a una gran cantidad de personas —entre espectadores, estudiosos, artistas, etcétera— alrededor suyo; es decir, los múltiples enfoques e interpretaciones desde la cual se ha visto, analizado y comentado la obra, han significado que ésta aumente su valor artístico (y económico también).

A este respecto Umberto Eco clarifica al decir que “una obra maestra debe ser conocida; es decir, debe haber absorbido todas las interpretaciones que ha estimulado, que contribuyen a hacer lo que ella es”.

La obra maestra consigue infinidad de interpretaciones que terminarán por darle un mayor significado que el que le corresponde por naturaleza.

De esta forma, entendemos que una obra maestra en sí puede no ser una gran maravilla en el apartado técnico o que incluso tenga ciertos errores (no fundamentales como para hacerla caer); sin embargo, ésta tiene la gran virtud de conectar, de proyectar aquello sensible –poético— que impulsará el acercamiento de otros que se encargarán de encontrar los rasgos trascendentes que se conjugan en la obra.

La crítica es también partícipe en este tema, pues cualquier obra debe desmenuzarse objetivamente de manera que podamos encontrar sus valores más allá de la estética o de su técnica. Para después hablar de lo encontrado, de la belleza que aquello esconde y que otros no han podido ver en primera instancia –muchas obras caen y desaparecen en este estudio crítico.

¿De qué manera se pueden hallar los grandes tesoros artísticos si no es a partir del estudio de obras, de su crítica?

La obra maestra genera e impulsa nuevas formas de expresión, derriba barreras establecidas, inclusive, colabora en el desarrollo de nuevas formas de pensamiento, de una visión del mundo distinta.

Lo nuevo, acaso, habita en todo lo trascendente, como lo es la obra maestra, en lo que logra posicionares, con los años, por encima de sí misma.

Y es la obra por sí sola quien consigue arrastrar a su creador, y al mismo tiempo lo vuelve un “fundador de discursividad” a la manera de Foucault.

Es decir, autores que con su pensamiento u obra han ocasionado la generación de nuevos discursos; éstos servirán como ventanas que darán a ciertos espacios que desconocíamos antes.

Porque una obra maestra también puede ser un discurso, una serie de ideas que han conseguido un lugar en nuestra cultura, en la sociedad misma: ideas que bien pueden ser muy antiguas, y sin embargo han conseguido perdurar, al grado, de que aún hoy se dialoga con ellas (pienso en los conceptos de Platón o en los de Nietzsche, por irme a los polos tanto de ideas como de tiempo).

La obra maestra ocasiona un replanteamiento de pensamiento: “formular exactamente de una manera nueva, los límites de los posible y lo imposible” (Slavoj Žižek).

La interacción, entre la pieza y el espectador o lector, se vuelve fundamental a la hora de estar frente a una obra artística. No basta entonces con solo mirar, sino que requerimos de cierto esfuerzo para fijarnos en los detalles, en sus formas, y en aquello que nos produce al interior de nosotros, logrando así nuestra propia interpretación que a su vez no solo nos dará un significado sino que también se lo adjudicará a la obra.

Comunicarse con la obra (y al hacer esto generamos una opinión, un juicio que en sí mismo es una crítica) nos hará partícipes del derrumbamiento de obras que no valen la pena, y del bautismo de alguna otra que resulte “obra maestra” con la que pudiésemos encontrarnos en algún momento de nuestra vida.


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