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Los realizadores mexicanos dominan la industria cinematográfica de Hollywood

Martes, 06 de Marzo 2018 - 15:00

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Venus Rey Jr.

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De las últimas cinco entregas del premio Oscar al mejor director, cuatro las han ganado artistas mexicanos: Alfonso Cuarón (2014), Alejandro González Iñárritu (2015 y 2016) y ahora Guillermo del Toro. Esto es un signo inequívoco que revela que, hoy por hoy, los realizadores mexicanos dominan la industria cinematográfica de Hollywood. Y por si esto fuera poco, una película que en espíritu es mexicana, ganó el Oscar al mejor film de animación: Coco.

Algunas personas minimizan estos triunfos; otros más sostienen que nada tienen que ver con México. No faltará tampoco quienes experimenten cierta envidia. A mí me parece claro: los cineastas mexicanos están entre los mejores del mundo. A fin de cuentas el cine es arte y cultura, y el hecho de que nuestros cineastas estén recibiendo reconocimiento internacional es, en el fondo, un reconocimiento para el arte mexicano.

Siempre he pensado que la verdadera riqueza de una nación no está en sus recursos naturales, sino en su patrimonio artístico y cultural. La cultura y el arte unen; la política divide. El éxito de nuestros cineastas es celebrado por todos los mexicanos –bueno, hay un pequeño grupo que nunca está conforme–. El arte nos une, y lo que pasó en esta última entrega del Oscar es una clara prueba de ello: políticos de todas las corrientes, deportistas, periodistas, medios de comunicación, artistas, actores, actrices, empresarios, funcionarios públicos, miembros destacados de todos los partidos; todos, casi sin excepción, hemos recibido con beneplácito la noticia de que Guillermo Del Toro ganó el Oscar al mejor director. Un artista  mexicano –en el sentido profundo de la palabra “artista”, eso es lo que es Del Toro– mereció y recibió el premio más importante, a nivel mundial, de la industria cinematográfica.

El dominio de “los tres amigos” –como son conocidos Cuarón, González Iñárritu y Del Toro– durante el último lustro en Hollywood, es muy especial. Sus películas no tienen que ver con México: Gravity, Birdaman, The Revenant y The Shape of Water son filmes casi experimentales, totalmente fuera del mainstream. Los cineastas mexicanos no nos hablan de narcotraficantes ni de políticos corruptos, ni de balazos, decapitaciones y sexo, que son precisamente los temas que abordan la mayoría de las series y películas mexicanas de los últimos diez años. Uno esperaría balazos, música de banda, candentes escenas y mucha cocaína en una película mexicana; pero en cambio, Cuarón, González Iñárritu y Del Toro nos dan arte, en el sentido profundo de la palabra. Y por eso son admirados y reconocidos, no solo en los Estados Unidos, sino en el mundo entero.

Por otro lado, una cinta como Coco, que es en espíritu mexicana, que exalta nuestra cultura y nuestras tradiciones –aunque algunos digan que a través de ella El Imperio ejerce sobre nosotros un neocolonialismo cultural–, se llevó el Oscar al mejor film de animación. Sus creadores, empezando por su director, Lee Unkrich, hicieron con este film un homenaje, un tributo a México; y uno que se vio en todo el mundo. Los realizadores de este film han expresado muchas veces su gran amor y admiración hacia México, su cultura y sus tradiciones.

La cultura y el arte son factores de unión mucho más poderosos de lo que a veces pensamos. En la medida en que el Estado y la iniciativa privada apoyen a los artistas mexicanos y sean vehículo de promoción y difusión –apoyo, promoción y difusión de verdad– de nuestras artes y nuestra cultura, en esa medida podemos ser una nación más sólida y más unida.



Número 23 - Noviembre 2018
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