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Los propósitos para el 2018

Viernes, 22 de Diciembre 2017 - 15:00

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Juan Mireles

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Termina el año y parece que todo vuelve a una calma peligrosa. Igual nos seguimos muriendo hasta en vacaciones pero no importa. Los muertos de las fiestas navideñas se quedan como en un limbo, en una distancia que los anula más rápido. Sin embargo, es justo que los vivos tengamos una oportunidad para olvidarlo todo: la válvula de escape que nos basta para ir de año en año.

El 2018 no pinta nada bien. Año de elecciones, año de mundial, año de conspiraciones y odios. Un año en el cual, si nos descuidamos, terminaremos con menos amigos, porque todos queremos salvarnos, vivir bien, mejorar nuestra situación, pero los caminos son distintos –mentirosos siempre-, y llevan nombres y colores y apoyos en pancartas y espectaculares. Traen soluciones que cada quien se cree a su manera, y las defendemos porque nadie quiere estar peor que antes.

Y esa defensa, esa fe, es la que nos rompe.

Así, propongo que el primer propósito de este año sea escuchar al otro, no ser intransigentes con las ideas distintas. Que no nos separen las ideologías políticas que, al fin de cuentas, a los protagonistas de este circo, los políticos, les importa muy poco en realidad lo que pensemos.

Cada uno de ellos tiene su agenda y prioridades: nosotros figuramos en letras chiquitas, hasta abajo.

Propongo otro propósito: que a cada propuesta de equis candidato agreguemos un “¿en realidad es posible?”. Las preguntas nos salvarán de las equivocaciones. No vayamos a ciegos. No nos merecemos ir ciegos a las urnas. No olvidemos.   

Que el mundial no distraiga el compromiso: de todos modos la Selección Mexicana es la ejemplificación del fracaso y del manoseo a la esperanza.

Otro propósito, acaso el más importante (en México se leen 3 libros por año -¿no serán menos?-; en Japón, 47 según la UNESCO): inculcar la lectura a los niños. La imitación aunada a la curiosidad hace el milagro.

Para ello, redacté las Instrucciones para contagiar el hábito de la lectura sin leer. Aquí se las comparto:

Compre dos libros. Uno para usted y otro infantil para su hijo pequeño. Vaya a casa. Ese día relájese. El ejercicio empezará al día siguiente.

Ya en el día siguiente, a la hora que crea conveniente, vaya a la sala. Siéntese cómodamente en el sillón. Ponga a su hijo a jugar con lo que sea que juegue, muy cerca de usted, en el piso alfombrado. Abra el libro que compró y sosténgalo firmemente en posición de lectura. Coloque su celular –en modo silencio-, muy sigilosamente, a mitad del libro de manera que consiga la simulación de la lectura. Es importante que el niño vea el libro. Haga cara de concentración; y de vez en vez ajuste sus gestos de manera que consiga expresar diversas emociones (recuerde que su esposa o esposo deben estar enterados del ejercicio, así evitaremos que el teatro se caiga). Cada tanto cambie de página. Sea hábil. Practique. Haga esto durante 15 minutos todos los días. No se preocupe, bastarán pocas horas para que su hijo reaccione al libro. Verá cómo de pronto el niño comenzará a acercarse a intentar arrancarle el libro de sus manos. Pero tenga cuidado de que no lo descubra, que no vea el truco. Cuando perciba que el pequeño está curioso de saber qué contiene el libro, levántese por el libro infantil que compró días antes. Siéntese con él. Haga el esfuerzo por leer de corrido, de esta forma el niño lo seguirá en la lectura. Verá como en poco tiempo su librero se llenará de libros y no como hasta ahora, que hay de todo menos libros.

Y así, sin saberlo, habrá cambiado el mundo.

Lo imposible se hará posible. Quizá ese sea el mejor legado que pueda dejarle a su pequeño o pequeña.

Terminados los propósitos sólo me queda agradecerles por seguir esta columna. Desearles lo mejor en estas fiestas navideñas. Después de todo, las fiestas son para los vivos. Los cariños y las muestras de afecto sólo se pueden sentir en este plano, así que habría que aprovechar.

Ya tendremos todo el 2018 para exprimir la herida, para seguir con los cuestionamientos, para seguir con la reflexión y la crítica global y personal.

Yo los encontraré el próximo año.

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Número 22 - Octubre 2018
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