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Jessica Jones o cuando las mujeres extrañan ser sometidas

Viernes, 16 de Marzo 2018 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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La 2ª temporada de la más interesante superheroína de los cómics, la conduce a lo mismo que intentaba no ser: Una mujer sumisa.

En el momento en que el Universo Cinematográfico Marvel llegó a Netflix, todo mundo enloqueció, básicamente por el aspecto maduro que se le ha impreso a sus series. Y si la aparición de Daredevil fue sorprendente por su estilo oscuro, cercano a las cintas de Chan-Wook Park o de Michael Mann, fue Jessica Jones la que las consolidó como las mejores adaptaciones de una historieta a cualquier otro medio, incluso, son superiores a las películas de superhéroes de las que nos atascan cada mes.

El personaje, creado por Brian Michael Bendis y Michael Gaydos, se caracterizó por ser una especie de crítica al cómic de súperpoderosos que ha vuelto famosa a la casa editorial. Apareció por primera vez en Alias no. 1, con fecha de portada de noviembre de 2001. Lo original de su historieta es que se trata de una ex superheroína alcohólica que se dedica a las investigaciones privadas, pero sin ningún tipo de glamour. Y eso se transfirió a la serie online. La 1ª temporada, aparecida en 2015, generó muchos comentarios por lo inteligente de su trama, así como por lo oscuro de su villano, Killgrave (interpretado por un inspiradísimo David Tennant, que saltó a la fama como el 10º Doctor Who). Así que la 2ª se esperaba con no pocas expectativas.

En esta ocasión, la enigmática detective alcohólica se encuentra con un extraño personaje que le pide investigue a quien intenta matarlo porque, gracias a un experimento, cuenta con poder de gran velocidad aunque no puede hacer uso de esto porque sólo funciona cuando está muerto de miedo. Ella, obviamente, por lo absurdo que suena, no lo toma en serio, pero poco a poco se va descubriendo que el aparentemente loco personaje, dice la verdad y comienza una pesquisa que la llevará a descubrir gran parte de su pasado.

Si bien el arranque de la serie y su continuidad son muy interesantes, hay muchas subtramas que no sólo no aportan nada sino que debilitan la historia. La fuerza primitiva que se sentía en la 1ª temporada no aparece por ningún lado y ya para el 10º capítulo se ha perdido toralmente, y ni siquiera el esperado, pero forzado, cameo de Killgrave la salva del ridículo. El agónico ritmo hace que deje de importarnos lo que pasa y al final, se puede sentir que lo que estamos viendo es la pura explotación de un personaje que pintaba para ser el mejor de todos los que se han adaptado de los cómics de Marvel.

Entrando en la moda de la equidad de géneros (que más parece en realidad una forma nueva de segregación: mujeres con mujeres, afroamericanos con afroamericanos, etc.), todos los capítulos son realizados por directoras. Las féminas son los personajes más importantes y fuertes, y la maternidad es uno de los temas centrales que se toman en esta etapa de la serie. Sin embargo, a veces esta necedad de Hollywood de ser “incluyentes” hace que algunos aspectos realmente insulsos sean forzados para tornarse importantes (la venganza de la abogada hacia los que la roban, por ejemplo). Y lo más lamentable, es que los hombres, salvo Killgrave, son retratados como papanatas, caras bonitas de relleno o simplemente estúpidos que son manipulables fácilmente por medio del sexo y por lo mismo, desechables. Tristemente, parece más un panfletario berrinche de odio al hombre que el manifiesto feminista que intentaba ser cuando debutó la producción.

En tiempos en que el empoderamiento femenino es una realidad y no una aspiración, es triste que las mujeres que podrían de alguna manera ser la representación de la mujer fuerte, independiente y literalmente poderosa, sean reducidas a objetos de simple comercio complaciente. Ocurrió con Wonder Woman (2017, Patty Jenkins), con Rey de Star Wars: Episode VIII The Last Jedi (2017, Rian Johnson), con la versión femenina de Ghostbusters (2016, Paul Feig) y seguramente, pasará con Captain Marvel (2019, Anna Boden y Ryan Fleck) y las demás súperpoderosas que vengan en camino.

La 1ª temporada era un poderoso thiller de suspenso que usaba a la figura de Killgrave como paráfrasis de la influencia negativa masculina en la mujer; un hombre que con sus poderes podía obligar a la heroína a hacer el mal, a cubrir sus deseos más oscuros. Su liberación sólo podría venir con la muerte. Jessica, al aniquilarlo, se emancipa, como metáfora oscura e inteligente de la liberación femenina. En esta temporada, todo lo luminoso de aquella se esfuma, volviendo al personaje un esclavo de sus deseos –de formar una familia, de ser normal, de volver a someterse a quien la esclavizaba, de matar a quien le estorbe–. Una temporada floja, no mala, pero que por desgracia, simplemente sirve para justificar el haber gastado en un servicio que cada vez se vuelve más caro e inaccesible, al tiempo que va perdiendo calidad en sus productos.

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Número 21 - septiembre 2018
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