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Ética mexica

Jueves, 25 de Mayo 2017 - 15:00

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Claudine Moya Ponce

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En México solemos sentirnos orgullosos cuando se habla de la gran Tenochtitlan. Mucho se dice de la estructura social del imperio y de sus imponentes construcciones; pero poco se menciona de su filosofía moral (i.e., ética).

Está comprobado que las prácticas éticas van de mano con la prosperidad sostenida de un país y la gran Tenochtitlan fue sumamente próspera por largo tiempo (más allá de la fama de salvajes que les dieron los conquistadores). Ante la crisis de legalidad que vivimos, no está de más revisar y, quizá, rescatar la ética de los antiguos mexicanos.

Cosmovisión tenochca

Entre los mexicas y sus dioses existía una especie de contrato social donde los individuos se comprometían a vivir atendiendo rituales religiosos y reglas morales específicas. A cambio de ello recibían salud y prosperidad de parte de sus dioses. Por tanto, la pobreza, indigencia y enfermedades eran señal de que se había enojado a los dioses, fuera por exhibir un comportamiento inmoral o no seguir los rituales religiosos.  

El poder estaba repartido en deidades con distinta jerarquía y función. Primero estaban los dioses guerreros Huitzilopochtli y Tezcaltlipoca (que correspondían a las castas guerreras, sacerdotales y pililtin o nobles), después seguían los dioses que garantizaban el abastecimiento de los recursos naturales (e.g., Tlaloc) y al último los que velaban profesiones específicas (e.g., Toci para los médicos y Yiacatecuhtli para los pochteca o comerciantes). Más que una jerarquía en el sentido europeo, donde se establece quién vale más y quién menos, la estructura social mexica era una repartición de funciones donde todos eran indispensables y cada quién debía hacer lo que le correspondía.

Trabajar para todos

La contribución de cada individuo a la comunidad se llamaba Tequitl, que quiere decir oficio, trabajo o tributo. El Tequitl del tlatoani era gobernar, el del sacerdote apaciguar a los dioses y el del guerrero expandir y proteger al imperio. Los artesanos, agricultores y otros productores tenían el Tequitl de ser buenos en su oficio, hacer los rituales que correspondían a sus dioses y dar el tributo en producto o trabajo. 

El tributo en trabajo era destinado a obras públicas y embellecimiento de templos, pues una ciudad limpia y templos adecuados eran del gusto de los dioses. El tributo con producto (e.g., penachos, mantas) era destinado al sostenimiento de la clase guerrera, sacerdotal y gobernante. En contraparte, las élites, debían administrar adecuadamente y asistir con alimentos y fuerza militar a los pueblos en caso de hambruna o invasión. Incluso se perdonaba el tributo y se proveía alimento a los pueblos vasallos que sufrieran sequía o alguna otra catástrofe natural.

Se reconocía una relación simbiótica entre los estratos productivos, sacerdotales, militares y gobernantes. Así, quien no cumpliera con su parte debía ser despreciado; de ahí que Moctezuma II fuera apedreado por el pueblo ante una aparente complicidad del monarca con Cortés.

Normas y valores

Las normas y valores se transmitían de manera oral en una forma de diálogo, con contenidos fijos que se declamaban de memoria, de padres a hijos o de maestro a aprendiz, y viceversa. Estos textos se recitaban con el nacimiento de un hijo, una boda o cuando un aprendiz recibía la licencia para ejercer una profesión. Por ejemplo, un padre se comprometía públicamente ante su hijo recién nacido y ante sus familiares a criarlo y mantenerlo, darle doctrina y consejos, buen ejemplo y ahorrar para su futuro. Un maestro constructor enunciaba las obligaciones y estándares de la profesión al nuevo miembro del gremio y éste, a su vez, hacía el compromiso de respetarlos. Esto ocurría tanto con el Tlatoani que ascendía al trono, como con el artesano más sencillo.

La historia sirve para aprender de los errores del pasado y retomar o perpetuar buenas prácticas. Hay mucho que podemos rescatar de la ética mexica: su falta de individualismo y su visión de cada profesión como parte integrante de un sistema (que solo funciona si cada quien hace lo que le toca). Destaca la costumbre de hacer compromisos públicos donde se enunciaban conductas específicas aceptables e inaceptables. Actualmente todo mundo da por hecho que el de al lado sabe lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, ¿en verdad creemos que los niños que ven a sus padres agredir o tranzar a otros, evadir impuestos, dar mordida o robar combustible de la fuga de un ducto, van a crecer sabiendo que eso está mal?

Cada quien podría empezar por hacer una lista de compromisos para sí mismo, su familia, trabajo ¡Y CUMPLIRLOS! Si no ¿con qué cara exigimos algo a los demás?

No hay pueblo que prospere cuando la ilegalidad, la impunidad y la violencia aparecen en todos los estratos sociales. La evidencia apunta a que el imperio mexica era próspero. Definitivamente algo estaban haciendo bien.

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Carrasco, P.; Broda, J. (1978) Economía política e ideología en el México prehispánico. México: Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

López Austin, A. (1985) La educación de los antiguos Nahuas 1. México: Consejo Nacional de Fomento Educativo.

Pomar Jiménez, J. (1996) Los Pochteca. El comercio en América Latina desde los aztecas hasta la independencia. México: Edamex 

Sahagún B. (1583/1943) Suma Indiana. México: UNAM

Sahagún, B. (1585/1969) Historia general de las cosas de Nueva España, Tomo III. México: Editorial Porrua, S.A

 
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Número 18 - mayo 2018
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