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Entrevista Rodrigo Garagarza (Escultor) Parte 1

Viernes, 15 de Diciembre 2017 - 16:30

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Claudia Blix

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¿Quién es Rodrigo Garagarza?

Es una persona que busca encontrar un lenguaje a través de las formas, que le encanta observar e interpretar a través de lo observado, y que está buscando constantemente plasmar esta integración de elementos en todas mis experiencias diarias, como resultado es la escultura.

¿Cuándo supiste que te gustaba la escultura?

Cuando tenía como seis años, a través de cajas de cartón empecé a hacer unas maquetas como de formas geométricas. Luego como a los 15 años, mi abuelo materno me llevó a un taller de herrería con las formas que yo había hecho en cartón, le dio instrucciones al herrero para que las construyera de dos metros; me fascinó ver el posible resultado de esas maquetas y fue cuando me decidí que me quería dedicar a la escultura.

Estudié Arquitectura y esos 15 años que me dediqué a ella, trataba de incorporar estas figuras y elementos escultóricos a los espacios.

¿Cuándo te empezaste a dedicar a la escultura de manera profesional?

Me empecé a dedicar desde el 2011, a los 39 años, y procurando hacer dos exposiciones individuales al año y también promoviendo mi trabajo con corredores de arte, galerías, arquitectos, decoradores, interioristas, por suerte cada vez hay mayor interés en mi trabajo.

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¿Cómo te inspiras para hacer las esculturas?

Hay muchas fuentes de inspiración, por ejemplo, por observación del trabajo de otros escultores como Brancusi, Richard Serra, Alexander Calder, y muchos otros escultores, y también de pintores como Giotto di Bondone, Francis Bacon, por ejemplo también la observación de cosas que te rodean todos los días, ver la rama de un árbol, un edificio, hasta un pedazo de banqueta que tenga algo geométrico; el chiste es tener la mente abierta y también, cuando diseñas una figura, se abren muchas posibilidades a través de esa figura.

Hubo una serie que hice inspirada en insectos, me puse a investigar la geometría de las alas de la mariposa, libélula y escarabajos, y su posible interpretación; otra serie fue la interpretación de juguetes populares como las matatenas, pirinolas, los trompos, y todo esto se puede unir por ejemplo, con la de los insectos.

¿Hay alguna de tus esculturas que para ti haya sido especialmente importante?

Una en color rojo de dos metros de altura. Yo tenía unos 15 años y me interesaba exponer, y llevé esta pieza a una galería y el señor de la galería quedó como muy sorprendido porque me vió muy chico, pero pude exponer.

¿Te dio miedo dejar la arquitectura y dedicarte a la escultura?

Fue muy difícil, pero yo sabía que me iba a gustar muchísimo dedicarme a la escultura, y estaba dispuesto a pagar el precio y estar un rato picando piedra, y ahora tengo frutos y me doy cuenta que fue una decisión correcta.

Yo quería dedicarme a lo que más me gustaba. Es un acto de fe, muchas cosas en la vida así son, que no sabes qué va pasar, hay que aventarte con tus propias capacidades y armas pidiéndole a la vida que se den las cosas a tu favor. 

¿Cómo empezaste?

Hice 16 piezas para poder hacer mi primera exposición. Expuse en la galería del Parque del Reloj.

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¿Cuéntame de las exposiciones que has hecho y dónde?

En el Museo de Arte de Querétaro, con una carga visual barroca y churrigueresca. En el Museo de Antropología de Xalapa, yo produje dos piezas inspiradas en el arte prehispánico, también expuse en otras galerías en Puebla, Cuernavaca, Valle de Bravo, en San Miguel de Allende he hecho como tres exposiciones y acabo de participar en una colectiva en Valle de Bravo. El año pasado tuve una en San Antonio, Texas.

Y también hice una instalación en el Patio del Palacio de Minería hace dos años; la propuesta fue convertir este patio en una especie de contenedor, como una pecera, y los cuatro peces que se montaron en unos tripiés de tres metros de altura en contra de las manecillas del reloj. Yo quería transmitir que la pecera era lo ya establecido, lo que hacemos, lo aprendido, lo heredado, lo que ya existe antes de que nosotros desarrollemos nuestra conciencia, y los peces, al ir en contra de esas manecillas del reloj, mostraban su propia identidad y búsqueda en este mundo.

Estuvo ahí expuesta un tiempo y después me la compraron para que estuviera de manera permanente en el Hotel Aqua en Monterrey. 

Proximamente voy a hacer una exposición interesante que es en el Jardín Botánico de la ciudad de San Antonio, Texas en donde vamos a hacer unas matatenas, unas esculturas de metal de más o menos 90 cm de altura.

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(CONTINUARÁ)

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Número 18 - mayo 2018
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