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El ropero de la abuelita

Jueves, 05 de Julio 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Esta es la segunda parte de la colaboración que publiqué hace unas semanas respecto a la evolución de las tiendas especializadas en su tipo y que la globalización las ha dejado en el olvido o marginadas en regiones alejadas de las grandes ciudades. Ahora toca el turno a las sastrerías, panaderías.

Sastrería – Cuenta la historia que el oficio de sastre se introdujo a México alrededor del año 1525, a la par de la conquista. Su origen se dice que fue en Italia con la confección especial de los trajes para la corte real. Se trata de un oficio que entre los años 30 y 70 se transmitía de generación en generación, la edad promedio para iniciar el aprendizaje oscilaba entre los 12 y 17 años de edad, cuando los chicos empezaban como ayudantes hasta que aprendían el oficio e iban perfeccionándose. En la actualidad, quedan pocos maestros expertos y la actividad ha perdido clientela porque se piensa que la sastrería es algo pasado de moda y muy costoso pero lo que no se considera a fondo, es que se trata de una actividad comercial que utiliza materia prima nacional o importada (en el caso de las telas) y cuya duración puede ser de hasta 10 ó 15 años por la alta calidad en los materiales y en la confección. La sastrería ha derivado en simple arreglo y compostura de prendas de vestir aunque no representa el gran negocio de antaño pues actualmente, la ropa es de menor calidad y casi desechable así que cuesta más caro un remiendo que una prenda nueva.

Bonetería – Se refiere a una tienda donde se venden camisas, calcetines y otras prendas de punto pero también se encuentra toda clase de ropa interior para la familia y en la actualidad, en algunas tiendas del centro histórico se encuentran fusionadas con las mercerías ofreciendo gran variedad de productos con ventas al por mayor.

Recaudería – Cuesta trabajo encontrar su significado porque se le asocia con la verdulería (tienda en la que se venden verduras) aunque algunos la definen como la tienda que vende especias y que se acerca más a su posible significado real pues un recaudo se refiere a un aderezo líquido y espeso para condimentar carnes. A mí me suena a que puede (o podía) ser todo a la vez pues las que he conocido venden lo mismo verduras que frutas, chiles secos, especias e incluso, algunos productos enlatados.

Tienda de abarrotes – Comercio en el que se pueden comprar toda clase de productos comestibles y no perecederos, su evolución es fácil de notar en cada tienda de conveniencia que vemos en las esquinas de la ciudad y en las carreteras. Actualmente, están en casi en desuso porque no todas admiten tarjetas de crédito o las tarjetas para pensionados pero las que han evolucionado incluso cuentan con servicio a domicilio y es posible comprar carnes frías, productos de higiene personal, productos de limpieza, comestibles, botanas, dulces y refrescos, entre otros. Su nombre fue adoptado de las embarcaciones, en las que se utilizaban andamios con abarrotes para dotar de víveres a la tripulación, por lo que se decía que el barco se “abarrotaba”, con el tiempo y el uso del término “abarrotar” se aplicó a las tiendas en las que era posible encontrar toda clase de productos.

Vinatería – Como su nombre lo indica, se trata de una tienda especializada en la venta de bebidas alcohólicas. En México, la costumbre de ir a la vinatería por vinos y licores también se ha fusionado con los abarrotes e incluso, forma parte de las cadenas comerciales. Quedan algunas tiendas especializadas cuyos precios pueden ser altos pero que ofrecen productos selectos y que pueden combinarse con otros comestibles denominados “gourmet”.

Así es que llegamos al final de esta semblanza y recorrido por las tiendas que nuestros abuelos visitaron alguna vez para adquirir algún producto en específico. En lo particular, me encanta la idea de que podamos comprar todo en la comodidad de un solo lugar pero no negaré que la magia de una tienda especializada es inigualable por la apariencia, el olor, el ambiente, las personas que atienden y que las convierte, sin duda, en verdaderas cápsulas del tiempo.

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Número 22 - Octubre 2018
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