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¡El Regreso del Cácaro!

Martes, 27 de Noviembre 2018 - 14:50

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Es víspera de Navidad… un tiempo de misterio, esperanza, ¿quién sabe qué podría pasar?” – Drosselmeyer

La fantasía y las aventuras nunca pasarán de moda si de cine hablamos, numerosos filmes de éxito han basado sus guiones en dichos géneros apostando a conquistar la imaginación de los espectadores. En su gran formato y con sonido de alta tecnología, El Cascanueces y los Cuatro Reinos (Estados Unidos, 2018) es una película para disfrutar como niño de una adaptación del cuento original escrito en 1816 por Ernst Theodor Amadeus Hoffmann y que también ha sido representado de múltiples formas en ballet. No es de extrañar que las flores, colores, hadas y seres espectaculares cobren vida en un mundo imaginario (o tal vez no) creado por Clara, la protagonista de la historia.

El Cascanueces es oportuno porque a la vuelta de la esquina estaremos celebrando Navidad y abriendo regalos (aunque sea demasiado fifí hacerlo) y en la adaptación cinematográfica de Lasse Hallström y Joe Johnston, el punto de partida tiene como contexto la víspera de Navidad, época en que la fé, la esperanza y el amor están a flor de piel. La aventura es justificada porque el personaje central (Clara) se ve inmersa en un acertijo que debe resolver para interpretar el regalo que su difunta madre le dejó y de esa forma, reencontrarse también con su esencia y volver a conectar con su afligido padre. En la adaptación, se resaltan las virtudes de una pequeña mujer que logra descubrir su fuerza interior para vencer los obstáculos y salir victoriosa de la batalla que enfrenta, así que pueden darse muchas lecturas sobre el guión pues además del mundo fantástico en que nos adentramos al seguir la historia, es posible conectar con las emociones de cada personaje aunque hay dos o tres que para mi gusto, salieron sobrando. La música (quizá por derechos de autor) es un elemento que se queda corto, claro estamos ante una obra cinematográfica y para ello existe el ballet pero no le hacen justicia.

Sin una mirada crítica, El Cascanueces es una película para disfrutar, quizá no para repetir porque pierde el encanto una vez fuera de los recursos de una sala de cine, pero cumple con uno de los requisitos del cine palomero: entretener, a pesar de que el público infantil al que va dirigido sea cada vez más exigente pues requiere de mucha acción y estímulos para llamar su atención. Aun así, es también una oportunidad para descubrir que hace falta más cine de fantasía y de aventuras que estimule la imaginación de los más pequeños. El Cascanueces vale la pena porque roza temas como el valor de la presencia de los mayores en la vida de los infantes, la seguridad y confianza en sí mismos, la creatividad, la amistad, la solidaridad, la honestidad, la fé, el amor de familia, el valor y la valentía, algo que es difícil de encontrar en otro tipo de películas cuyos efectos especiales opacan la historia.

Por lo pronto y en lo particular, para mi pequeño de tan sólo cuatro años, la experiencia fue grandiosa, algo que disfrutó mucho y que, sin duda lo ha ingresado al club de cinéfilos porque ya quiere ver todos los estrenos próximos y de eso se trata el cine: de atrapar con su magia al espectador y hacerlo que regrese por más. En breve les platicaré de las próximas experiencias cinematográficas infantiles porque sin duda, habrá muchas más.

 


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Número 23 - Noviembre 2018
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