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¡El Regreso del Cácaro!

Martes, 12 de Junio 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Imaginar que nuestra vida privada podía volverse pública o que podíamos ser espiados, parecía una fantasía propia de las películas de espionaje al estilo James Bond de los años cincuenta; sin embargo, la ficción nos alcanzó y en los últimos tiempos hemos visto cómo nuestra vida y datos personales toman un carácter público con el simple hecho de conectarnos al Internet y acceder a ciertos sitios de la web o intercambiar información a través de una red.

El espionaje aunado a la conspiración y la acción, fueron la fórmula perfecta para convertir a “Enemigo Público” (Estados Unidos, 1998) en la cinta más taquillera de su tiempo, protagonizada por el hit actoral del momento Will Smith y un sólido actor de la talla de Gene Hackman. El filme da inicio con el asesinato de un congresista, el cual queda grabado por un documentalista ambiental que vigilaba el lago donde se comete el crimen, al verse sorprendido realiza una copia y huye del lugar desatando la clásica persecución y encontrándose en el camino al personaje de Smith: un exitoso abogado que tiene en sus manos un caso político que debe desenmarañar con ayuda de un espía secreto, en su encuentro, la cinta grabada va a dar con él y ahí se desata una nueva persecución en la que pierde la identidad y es inculpado de otro crimen que no cometió. Su objetivo será entonces, recuperar lo que le han quitado, llevar la cinta grabada a la luz pública, ganar el caso que llevaba como abogado y salvar la vida.

Elegí esta cinta porque han pasado casi veinte años desde su aparición y sorprende que la paranoia y la intriga política sigan estando vigentes y que estemos a tan sólo un click de la diferencia entre convertir o no, nuestra vida en pública pues basta con tener ciertas aplicaciones en el celular para que nuestros contactos se enteren de cuanto hacemos desde que nos levantamos de la cama hasta que regresamos a ella por la noche. Por estos días leí una reflexión respecto a la forma en que publicamos el desarrollo de los niños por las redes, hay quienes graban cada segundo y minuto de sus vidas sin derecho de réplica porque un niño no elige ser grabado y luego publicado en una red social, es más, nos parece natural que así suceda pero la pregunta se centra en si estamos conscientes o no, del impacto que conlleva subir todo cuanto hacemos a las redes sociales y más aún, de la información que regalamos a marcas, partidos políticos, delincuentes y todo aquél que se alimenta de lo que circula por Internet.

Visto desde otro ángulo, cualquiera puede convertirse en enemigo público porque toda nuestra vida pasa por un registro electrónico que día con día tiene mayores alcances e implicaciones y muchas veces, ni nos enteramos por pereza de leer los términos o por exceso de confianza de los sitios que visitamos, así que desconocemos totalmente a dónde va a parar nuestra información. Por otro lado, la política tiene sus propios recursos para valerse de datos y especialmente, en tiempos electorales como por ejemplo, una simple fotocopia.

Así pues, la información es poder que nos puede convertir en amigos o enemigos y ayudada de la tecnología puede generar grandiosos beneficios a título personal y/o colectivo y para muestra, los escándalos que ha protagonizado Facebook al volver públicos los datos de sus usuarios. Recordemos que vivimos interconectados unos con otros y que en algún punto nuestras vidas se intersectan, incluso los asuntos políticos aunque seamos simples mortales.

Los enemigos públicos y el espionaje no son un tema exclusivo de la cinematografía, es por eso que suele decirse que la realidad supera a la ficción y si no, revise las últimas noticias pre electorales.

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Número 22 - Octubre 2018
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