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¡El Regreso del Cácaro!

Martes, 20 de Marzo 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Los vivos siempre serán más peligrosos que los muertos.” – El Espinazo del Diablo / España, 2001

Descubrir el cine, significa explorar otros universos paralelos que habitan las mentes de quienes hacen posible una producción cinematográfica. El cine es para la pantalla grande, esa idea capitalista y masiva llamada “cine en casa” a través del video home en sus diversos formatos no es más que la forma de multiplicar ventas y permanecer en la mente de quienes consumimos cine, pero en realidad, el cine está en la sala y en el formato para el que es realizado. Los años universitarios me brindaron la oportunidad de disfrutar el cine en múltiples formas, desde las proyecciones en 16 mm cuyos rollos alquilábamos en la Filmoteca de la UNAM, pasando por funciones de premiere en los extintos Cinemas Lumière y muestras cinematográficas en la grandiosa Cineteca Nacional, así que las actividades de difusión y las asignaturas de la licenciatura me indujeron a apreciar lo que llaman “cine de autor” más que el cine comercial y ahí me quedé, porque es en esa categoría que se puede apreciar realmente el trabajo impecable de un guionista, de un técnico de iluminación, del maquillaje, la banda sonora, el vestuario y en donde el director despliega todo el talento acumulado a través de los años y la experiencia; habrá quien opine que las producciones comerciales también tienen su espectacularidad y no están equivocados, pero también es cierto que “en gustos, se rompen géneros”.

Todo este preámbulo para hablar de todo el trabajo que hay en el “antes” de Guillermo del Toro hasta convertirse en el hombre tendencia de las redes sociales y los medios de comunicación al haber sido galardonado con el Premio Óscar a Mejor Director y Mejor Película por el filme La forma del agua.

Descubrí a Guillermo del Toro gracias a Mimic, un filme producido en Estados Unidos en el año de 1997 cuyo tema central es la extinción de una plaga de cucarachas a través de la modificación genética de otro insecto, el cual, con el paso del tiempo, logra evolucionar y reproducirse formando una colonia que habita en los túneles del metro y logra mimetizarse con los humanos. Debo confesar que al descubrirla me impactó y la he vuelto a ver tantas veces como ha sido posible. Tiempo después me lancé a ver El Espinazo del Diablo, estrenada en 2001, la cual nos relata la historia de un grupo de niños refugiados en el orfanato en que viven junto a la directora, algunos profesores y el portero durante la época de la Guerra Civil Española, en el aislamiento, uno de los niños descubre a un fantasma y la historia da un giro de llave con la llegada al lugar del ejército franquista y la revelación que el fantasma hace al niño que lo descubre. Se trata también de un filme que fue recibido en México como parte de la ola del nuevo cine mexicano aunque se trata de una producción España-México. Sin duda, mi preferida (y quizá la de muchos) es El Laberinto del Fauno, otra producción hispano-mexicana estrenada en 2006 cuyo eje temático gira en torno al viaje fantástico que emprende Ofelia (personaje principal) al encontrarse con un mítico fauno en un laberinto escondido. Su ópera prima Cronos, La invención del tiempo (México, 1993) es considerada una de las 100 mejores películas mexicanas y obtuvo el premio Ariel a la mejor película, el tema central es sobre un artefacto pequeño en forma de escarabajo creado por un alquimista en 1535 que lo diseña para dotar de vida eterna a quien lo posea, la miniatura cae en manos de un anticuario en el año de 1997 y la historia relata las consecuencias de tal poder con matices vampirescos, un filme cuyo desenlace no me encanta pero que es imposible dejar a medias.  

Pareciera que obtener un premio internacional es fácil cuando se está dentro de una industria millonaria como lo es el cine, pero nada más alejado de la realidad para quien, como Guillermo del Toro se aventura a experimentar y a dejar intacta su creatividad y lo que hay en su mente llena de fantasía, de insectos, de monstruos, de personajes míticos y de historias de terror. Han pasado 25 años desde que su ópera prima vio la luz, lo cual demuestra que la disciplina, la pasión por lo que se hace, el talento y la constancia son clave para alcanzar la cima del éxito y mantenerse ahí, sin perder la sencillez y el sentido humano en lo que se hace, no es gratis que el cine sea considerado “el séptimo arte” y por ello, en palabras del propio Guillermo del Toro: "El cine es mi vida, mi biografía."

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Número 17 - abril 2018
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