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Cartas a Tora XCI

Viernes, 22 de Junio 2018 - 16:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Te voy a contar algo que me ha disgustado mucho. Y no sé por qué, pues ya conozco a estas personas bastante, y no debía extrañarme; pero sí, estoy disgustado.

Los vecinos andan muy alborotados con eso de las elecciones, y es de lo único de lo que se habla estos días. Algunos se han dedicado a preguntar a los demás por quién van a votar, y hacen listas, y cuentan los votos (Probables, no lo olvides), y a veces gana uno y a veces el otro… pero casi siempre el portero. Eso es lo primero que no puedo entender: con todas las mentiras que les ha dicho y las veces que les ha quedado mal, y siguen creyendo en sus promesas.

El chavo del 7 se creyó el resultado de esas adivinanzas (Y digo adivinanzas porque a mi me consta de muchos vecinos que un día dicen que van a votar por el portero, y al siguiente por el chavo, pero no deja de ser preocupante), y empezó a hacer cosas… llamémoslas indebidas. Yo vi que se acercaba a algunos vecinos y les daba un billete, al tiempo que les pedía que votaran por él. Los vecinos le decían que sí, pero luego comentaban entre ellos que a lo mejor el portero les daría más, si se enteraba del asunto.

Por supuesto que el portero se enteró. Inmediatamente. Y lo reprobó lleno de santa indignación. Llamó a una junta, y dijo que eso equivalía a comprar la democracia, a trastornar los ideales de los romanos que la fundaron (Debió decir de los griegos, pero para él son lo mismo romanos y griegos, gente muerta de la que se habla muy bien porque ya están muertos, según su propia definición). Los vecinos asintieron, Y los que habían recibido la dádiva se apresuraron a gastarla, para que no los sorprendieran con el billete en las manos (La mayoría se fueron a desayunar al King’s y el ganón fue el portero, aunque no se ha dado cuenta cabal de ello). El caso fue que todos censuraron a los que habían tenido ese proceder, aunque todavía estuvieran relamiéndose con las Bostonian Enchiladas with Charro Beans y el Guava Atole with Piloncillo Lumps.

Pasaron unos días, durante los cuales subieron los bonos del portero. Pero éste comprendió que su elección no estaba muy segura, porque el chavo seguía “platicando” con los vecinos, y decidió “platicar” también con ellos. Y para no perder tiempo, los citó a una junta urgente. Algunos tuvieron que faltar a su trabajo y encarar regaños y descuentos, pero no les importó, pues era más importante la grilla de la vecindad (Grilla no es el femenino de grillo, sino el relajo, los chismes, las intrigas. En este caso, al menos, porque sí existen las hembras de los grillos).

¿Y sabes lo que les dijo el portero? Bueno, primero lo de siempre; que la democracia era la mejor forma de gobierno, que todos debían estar de acuerdo, que no se dejaran seducir por el dinero, que era la causa de todos los vicios; que es más bonito ser pobre y tener la conciencia tranquila, y que para que se convencieran esa tarde les iba a pasar una película llamada “Los Pobres Van al Cielo”. Lo aplaudieron a rabiar. Y ya que los puso en ese estado de euforia, dijo que cuando fuera elegido iba a instituir una “Tarjeta de Pobre”; que ya había platicado con el super-mercado de la esquina, y que éste les iba a hacer descuentos y regalos a las personas que presentaran dicha tarjeta con su firma (La del portero, se entiende); y que él sólo iba a firmar las tarjetas de los que hubieran votado por él. ¿Que cómo iba a saber quiénes eran esos? Porque se los iba a preguntar uno por uno, y confiaría en la palabra de los vecinos, porque él sabía que los pobres no le mentirían a su protector.

Los vecinos se subieron al estrado, le estrujaron la mano le dieron palmadas en la espalda hasta casi causarle una pleuresía y lo besaron (Algunos, sin distinción de sexo, en la boca. Besos que él aceptó con la resignación de un mártir). Y en un arranque de generosidad, el portero declaró que la “Tarjeta de Pobre” la iba a dar a todos los vecinos, aún a los que no votaran por él, “porque también son seres humanos y tienen necesidades”.

La ovación se oyó en tres calles a la redonda. De tanto saltar, varios vecinos se cayeron al agujero del patio; y el portero no permitió que los sacaran sus parientes, sino que ordenó a sus guaruras que fueran por ellos (Obedecieron, como siempre; pero refunfuñando, como siempre). Hasta la madre del chavo del 7 le agradeció la Tarjeta, pues lo que ganaba su hijo ya no le alcanzaba para comprar azúcar refinada y  tenía que conformarse con la otra, la morena. El portero le contestó no sé qué de la abnegación de la mujer mexicana, y le recomendó que viera el sábado la película que iba a pasar: “No Basta Ser Madre” (Y añadió que no olvidara el pañuelo, porque lo iba a necesitar).

Total, que el portero compró sus votos sin soltar un centavo. Yo no sé si es cierto lo de la Tarjeta de Pobres, pero me pregunto: ¿Quién la va a pagar? Porque hay que comprar material, imprimirla, enseñar a los cajeros del super-mercado a usarla… ¿Y la  tienda? ¿Será cierto que le ofreció las Tarjetas o se trata de un farol, como tantos otros? (“Farol” en sentido figurado, como algo brillante que en el fondo no tiene nada). Me gustaría saberlo. Aunque probablemente tenga que esperar a que gane para ello, porque ya parece seguro que va a  ganar Aunque quién sabe. La gente es impredecible. Pero si gana y no les da nada (O si les da muy poco), ¿qué van a hacer?¿Le van a cobrar el engaño? ¿Le van a exigir que cumpla su palabra? El portero es muy hábil, y habla muy bien; y aunque siempre diga lo mismo, es capaz de convencerlos de que fueron las oscuras fuerzas de la reacción las que le impideron cumplir lo prometido.

¿Qué te parece eso de “las oscuras fuerzas…”? Se oye bien, ¿verdad? A los vecinos les impresiona mucho. Sobre todo, porque no saben qué es la reacción.

Ya te contaré lo que pase. Espero que sea lo mejor para todos.

Te quiere,

             Cocatú

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Número 18 - mayo 2018
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