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Cartas a Tora LXXXIV

Viernes, 04 de Mayo 2018 - 16:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Lo del cocodrilo tuvo consecuencias, porque los vecinos se preguntaron cuánto tiempo llevaba el agujero abierto, y concluyeron que era un año, porque la del 47 se acordaba de que en su cumpleaños del año pasado, que hizo un fiestón a todo dar, su primo el Atarantado se cayó en el agujero, que estaba lleno de lodo, y por poco se queda ahí convertido en escultura de arcilla. Y decidieron ir a ver al portero, y exigirle que tapara el agujero.

El portero dijo que a él nadie le exigía nada. Ni siquiera su santa madrecita (Aquí inclinó la cabeza y se quitó la gorra, y los guaruras hicieron una genuflexión), que en gloria esté (Otra genuflexión, seguida por unos instantes de silencio), le exigió nunca que le entregara su salario, porque él sabía lo que tenía que hacer, y puntualmente le entregaba una cantidad (Nunca más de la cuarta parte del salario, pero le decía que era la totalidad, según comentó luego el más viejo de los guaruras); y añadió que él se ocuparía del agujero a su debido tiempo. Los vecinos se fueron, preguntándose cuál sería ese “debido tiempo”.

Sin embargo, los vecinos se quedaron tranquilos porque habían exigido sus derechos; el portero se había mostrado indignado, pero no gritó y les dió una respuesta. ¿Pero sabes lo que hizo el portero? En cuanto cerró la puerta de su vivienda empezó a dar patadas a los muebles (Rompió un sillón y tres o cuatro libros) y a gritar que ese agujero se quedaría ahí hasta que a él le diera la gana; que no tenía dinero, y que ya verían los vecinos con quién se estaban metiendo.

Al día siguiente convocó a una junta. Los vecinos fueron todos, creyendo que iba a anunciar el arreglo del agujero. ¡Sí, Chucha! (Chucha no es nadie. Es una forma de decir que no, pero empleando el sí. No sé de dónde salió la Chucha esa). Lo que les dijo fue que estaban usando demasiado los baños, que el drenaje era muy viejo, y que si no querían que se declarara una emergencia sanitaria  tenían que adoptar el régimen de Dos Días Sin Baño a partir de ya, así que los que tuvieran necesidad de usarlos corrieran al King’s antes de que cerraran (Cuatro vecinos salieronde prisa con sus familias, porque  ya sabían que para usar los baños tendrían que cenar ahí). El portero les explicó cómo iban a ser los turnos, y les puso hasta horario; y el que no lo cumpliera  tendría que ceder ese turno y otro (De castigo, ¿ t e imaginas?), e irse al King’s. Allí les iban a pasar lista; y si iban a otro lugar, perderían un nuevo turno. ¡Imagínate! Iban a tener que vivir pendientes de ir al baño. Y el del 37, que está mal de los riñones, ¿qué iba a hacer? Los días que no tenía derecho a usar el baño se iba al King’s desde las seis de la mañan y allí vivía, comiendo todo el día para que no lo echaran a la calle, hasta las doce de la noche, después del último desagüe del día. Le salía carísimo; y eso que comía sin refresco, y ni agua siquiera.

El portero tiene en su vivienda un baño que no está sujeto a restricción alguna. Pero se quiso hacer el pobrecito; y cuando le tocaba abstenerse, iba al King’s a desayunar, comer, cenar y usar el baño; y pagaba religiosamente su consumo, para que los vecinos no se enteraran de que es el dueño. Pero eso se lo devolvían después, incluyendo la propina, que era muy generosa, para incitar a todos a hacer lo mismo.

Pero los vecinos se cansaron de comer todos los días “Charro Beans with Totopos”, que es lo más barato que hay en el King’s, y decidieron desquitarse. Entonces, un día, muy temprano, juntaron todas las bacinicas de la vecindad y las pusieron junto a una ventana de la portería, de modo que al abrirla el olor invadió toda la vivienda. El portero armó un escándalo, pero los vecinos dijeron que no las quitarían hasta que resolviera el problema del agujero. Y como el portero tenía tanto asco que no podía ni comer, tuvo que prometer traer un equipo de albañiles para cubrir el agujero. “No se olvide del drenaje”, dijo alguien. “No”, respondió, “También eso se arreglará”.

Hubo muchos pleitos al retirar las bacinicas, ´porque  todos querían las menos maltratadas, y algunos llegaron a las manos, pero al fin se las llevaron todas menos una. Esa, nadie la reclamó. El portero decidió que la echaran al agujero y la enterraran con toda la basura que había. Y esa noche tuvo que ir a cenar al King’s, porque el olor permanecía en su vivienda.

Qué feo, ¿verdad? Tener que agredir así a la autoridad para que les hagan caso. De veras que esta gente es especial. Y eso que no saben que con las cuotas del año pasado, el portero se compró un coche de color dorado con un radio que recibe estaciones de todo Estados Unidos. ¿Para qué las quiere?, me pregunto, si ni siquiera sabe inglés.

Te quiere,

           Cocatú

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Número 21 - septiembre 2018
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