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Cartas a Tora LXXX

Viernes, 06 de Abril 2018 - 16:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

    El portero anda muy nervioso, porque oyó que el chavo del 7 ya va a empezar su campaña política con vistas a las próximas elecciones. Y aunque siempre anda diciendo que va a ganar y anunciando lo que va a hacer, es indudable que le tiene miedo, y ya no sabe qué hacer para ganarse las simpatías de los vecinos. El concurso de la canción vernácula que organizó hace poco le quitó más puntos de los que le dio, pues muchos se enojaron por el premio a la Flor y  a su prima. Total, que ordenó a sus guaruras que averiguaran qué es lo que más quieren los vecinos.

    Ahí estuvieron los muchachos platicando con ellos, tratando de sacarles información. Pero son tantas las carencias en la vecindad, que les costó trabajo decidir que el mayor problema que tienen ahora es el agua. Claro que eso no es culpa del portero, pues él no tiene influencia sobre cuánta agua les manden, pero por sí o por no les prometió resolver el problema. Y es que sólo les mandan agua un rato en las mañanas, y cada quien tiene que llenar la tina (Los que la tienen), las cubetas, las jarras, los vasos y hasta las corcholatas antes de que se las corten. Cada vez que le preguntaban, el portero decía que ya estaban trabajando en eso; pero la verdad es que no sabía qué hacer.

    Por fin se le ocurrió lo que consideró una gran idea, y mandó a sus guaruras a averiguar cómo abastecían las vecindades vecinas. No fue fácil, pero lograron averiguar por dónde pasan los tubos y dónde están las válvulas que abastecen a cada una de ellas. Y así, una noche, poco antes de las tres de la madrugada, colocaron una manguera en la toma de la vecindad más cercana, y el agua destinada a ella fue a parar a nuestros tinacos. Poco antes de las cinco, que es cuando se empiezan a levantar los madrugadores, la desconectaron. Y ese día, la vecindad tuvo más agua que nunca. En cambio, a a la otra sólo le llegaron unas gotas, y sus habitantes tuvieron que venir a la nuestra a pedir que les permitieran lavar los trastes o la ropa, o que les dieran unos tragos de agua. Algunos les dieron; otros, no.

    Lo malo fue una señora que trajo a su perro porque lo tenía que bañar. Así dijo: que lo  tenía que bañar, porque esperaba visitas y el perro era muy zalamero y seguro que se les echaba encima. Y es un perro que parece oso en cuatro patas, ¿eh? Total, que la del 33 le permitió usar su tina. Pero la señora le pidió jabón y shampoo y loción para los piojos y no sé cuántas cosas que no tenían, y que tuvieron que salir a comprar.

    Tardó como dos horas en bañarlo, y pidió una toalla para secarlo. Pero antes de que se la dieran, el perro se sacudió. No te extrañe. Así se secan ellos, los maleducados (Si no me crees, consulta la Enciclopedia Inter-galáctica). El caso es que todo el baño quedó lleno de jabón, de shampoo, de loción para los piojos y de no sé cuántas cosas más. Ella también. No se le veían ni los ojos que, además, le escocían por la loción contra los piojos. La señora pidió permiso para bañarse, y se lo tuvieron que dar. Pero cuando llegó la hora de secarse se encontraron con que la única toalla que tiene la familia (Son muy pobres) estaba empapada. La señora no podía irse así, chorreando. Lo único que pudieron hacer fue enrollarle papel higiénico en todo el cuerpo (que eso sí tenían; pero como es de la misma rodada que su perro, emplearon como tres rollos, y los dejaron sin provisión para el resto de la semana. La señora parecía momia, salvadas las distancias (Y digo distancias porque las momias suelen ser esbeltas, y ésta ocupó muchos metros de papel). En la calle la gente se apartaba para dejarla pasar, temerosa de recibir un mordisco (El perro iba a su lado, y tenía hambre). A su marido no le gustó nada verla llegar así, desnuda (El papel se le fue cayendo por el camino, y cuando llegó sólo tenía cubiertos como diez centímetros de piel), y dijo que la iba a castigar. Pero ella se le echó encima, así como estaba, y el señor se olvidó de todo.

    Eso fue el primer día. Después, le robaron el agua a otra de las vecindades; pero ya nadie permitió que sus inquilinos se bañaran en la nuestra. No por maldad, por si acaso. Y hubieras visto cuando le robaron el agua al hotel de la esquina. Salieron todas a bañarse en el parquecito, a manguerazos.  Lo pasaron muy bien ellas, y todos los que quisieron desnudarse al mismo tiempo. Los niños, no; ellos lo pasaron muy bien sin necesidad de desnudarse. Pero a todos se los llevó la policía por escandalizar en la vía pública.

    Los vecinos están muy contentos porque a nosotros no se nos ha acabado el agua. Pero en los alrededores hay mucha inquietud. Ya están hablando de que es muy raro que nosotros no tengamos ese problema y ellos sí; y han prometido hacer una investigación a fondo. Por lo pronto, el portero ya ordenó a sus guaruras que no roben agua en unos días, a ver si así se les olvida lo que ha pasado.

    En la azotea todo sigue más o menos igual. Pero hay más gatos, así que los pellejos que nos echan ya no alcanzan como antes. Vamos a tener que hacer algo al respecto. Además, el gatote negro ya se dejó ver anoche en la azotea de junto. La gatita rubia (A veces pienso que es tonta) ya anda muy entusiasmada, lamiéndose los bigotes y comiendo poco para bajar de peso (Vieras lo caderona que se puso con el último embarazo… Pero ni así aprende).

    Bueno, mi amor, eso es todo lo que tengo por ahora. Espero que no lo pases bien sin mi, para que te arrepientas de no haber querido venir conmigo. Y si ya sabes quién te vuelve a rondar, ya sabes lo que tienes que decirle; pero con fuerza, con muchas ganas, para que no se te vuelva a acercar.

Te quiere,

Cocatú

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Número 16 - marzo 2018
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