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Cartas a Tora LXXVIII

Viernes, 16 de Marzo 2018 - 16:00

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         El otro día tuvimos un escándalo que hasta intervinieron la policía y todos (o casi todos) los vecinos. Y es que el señor del 3… Primero, para empezar, te diré que el departamento número 3 tiene la entrada directamente de la calle (Y nada más por eso, la renta es más cara; y sus inquilinos se sienten más que los otros, pues son casi independientes, casi como si vivieran en casa propia). Y resulta que la banqueta frente al 3 está muy quebrada, y entrar a esa vivienda parece una escalada de alta montaña. Y la mamá del señor del 3 está en silla de ruedas, y no sabes el trabajo que cuesta sacarla y meterla de la vivienda. Siempre se cae; y si no se rompe los dientes se rompe las narices, porque siempre cae de hocico (Perdón por la forma tan vulgar de hablar, pero así lo dice su propio hijo). Total, que la señora no quiere salir; pero la tienen que llevar al doctor dos o tres veces por semana; y no sé qué es peor, si enfrentar el peligro de la banqueta u oir sus gritos porque necesita sus medicinas. Por fin, el señor se decidió a a arreglar la banqueta, contrató a dos trabajadores y dijo a voz en cuello que no iba a pagar un permiso para hace r la obra, pues no estaba dispuesto a enriquecer más a los que ya tanto tienen. (refiriéndose a los funcionarios de la Delegación).

Los trabajadores pusieron manos a la obra, pero el segundo día llegó una patrulla, y les dijeron que estaban infringiendo la ley, porque para arreglar la banqueta necesitaban un permiso, y que se los iban a llevar detenidos. Empezaron a discutir. La que más hablaba era una mujer policía (La hembra de la especie suele ser mortal), La verdad es que los mareó, y ya se iban a subir a la patrulla, cuando salió el señor del 3 y empezó a protestar y a decir que no sabía nada del permiso, y que  tenía derecho a arreglar su entrada. La mujer le dijo que sí, que el derecho lo tenía; pero que necesitaba un permiso. A la media hora de discutir seguían en lo mismo, pero ya habían salido los del 13, los del 18, la vieja del 23 y los del 57, que no hacían más que reírse y eructar tequila a medio digerir. Y todos defendían al del 3, aunque no le dirigen la palabra por apretado (No sé cómo explicarte ésto; pero hazte de cuenta que lleva la ropa tan ajustada que le impide saludar). El portero no quiso salir, porque no le gustan los policías. Al  cabo de una hora  ya no discutían lo del permiso, pero los vecinos no querían que se llevaran detenidos a los trabajadores porque “Pobrecitos, ellos qué culpa tienen”. Pero los policías, sobre todo la hembra de la especie, estaban necios en que infringían la ley.

Hacia mediodía apareció el chavo del 7, que se acababa de levantar y se tenía que ir a trabajar, y le pidieron que interviniera. El escuchó a todas las partes, incluyendo a los del 57, que seguían riéndose y eructando, y dijo que sí, que  tenían que detener a los trabajadores. Dos de las viejas se echaron a llorar, lamentando la suerte de “sus pobres hijos, huérfanos a tan temprana edad”, sin saber que ninguno de los dos tiene hijos (De quienes se tengan noticias). Entonces, el señor del 3 adoptó una postura verdaderamente heroica, y dijo que se iba con ellos. La mamá gritó, lloró y suplicó, pero él se mantuvo firme y se subió a la patrulla. La hembra de la especie iba a cerrar la puerta, cuando se acercó la del 37 con su celular en modo de grabadora, diciendo que no tenía derecho a llevárselo. Entonces ella, que se ve que es muy lista,  le preguntó “¿Verdad, señor, que no viene usted contra su voluntad?”. “No . respondió él – Voy libremente, a ver qué quieren hacerle a mis trabajadores y a hacer todo lo que pueda por ellos”.

Los vecinos les aplaudieron, y hasta sacaron pañuelos blancos para pedir la oreja de la feroz hembra ; pero eso lo lograron, y el del 3 se acomodó (Es un decir, porque el asiento trasero de las patrullas es una plancha de plástico muy pulimentada por el roce de tantas posaderas, y sin lugar para poner los pies entre los asientos), encendieron las sirenas y partieron a toda velocidad.

En menos de cuatro minutos llegaron a la Delegación, porque está muy cerca. Ya estaba allí el del 7, para ayudarlos, y enseguida pasó al señor del 3 a un privado; sacó una calculadora, estuvo unos minutos haciendo números, y anunció que la multa por los dos trabajadores ascendía a mil setecientos y pico pesos, pero que el piso se lo perdonaba por ser vecinos. El del 3 sacó la cartera y contó su dinero: ochocientos pesos. Pidió un plazo hasta la quincena. El chavo del 7 le dijo que no se preocupara, que él iba a hacer que le condonaran el resto, que le diera los ochocientos pesos y que ahí moría todo; pero que eso sí, que no podía darle recibo. El del 3 aceptó el trato, pagó, y a los cinco minutos salieron todos, contentos de haber resuelto el problema.

Y al día siguiente fue el señor del 3 a sacar el permiso. ¿Y sabes cuánto va a tener que pagar por él? ¡Nada! Es gratis. De haberlo sabido….

Esa noche hubo función de cine. ¿Y sabes qué película pasaron? “El Preso  Número Trece”, que a  todos nos estremeció, aunque la película es muda. El día siguiente nadie se acordaba del asunto de la banqueta; en cambio, todos comentaban el final de la película. Y la banqueta  tendrá que esperar a que entreguen el permiso, que puede tardar hasta cuarenta días. Pero el chavo del 7 ya ha prometido encargarse de eso.

Bueno, mi amor, espero que estés tan bien como siempre.

Te quiere,

              Cocatú

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Número 21 - septiembre 2018
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