Se encuentra usted aquí

Cartas a Tora LXXVII

Viernes, 09 de Marzo 2018 - 16:00

Autor

hitchcock-profile.png
Enrique Delgado Fresán

Compartir

Querida Tora:

Tienen por aquí un dicho que yo no entendía: La ambición rompe el saco. Yo me preguntaba: ¿A qué saco se refieren? Pero es que hablan en sentido figurado; y lo entendí con algo que pasó hace unos días.

En el King’s pusieron en el menú unos “Potato Peel Tacos Sprinkled with Chapulines from Oaxaca”. Los chapulines son unos insectos muy populares y simpáticos, y en el estado de Oaxaca los comen tostados y molidos (O eso me parece). Tuvieron mucho éxito. Pero se les acabaron muy pronto; y para conseguirlos tenían que esperar unas semanas o ir a Oaxaca y traerlos, y ambas cosas le parecieron mal al portero (Te acuerdas de que el portero es el dueño clandestino, ¿verdad?). Entonces, les dijo a las señoras de la cocina (No me atrevo a llamarlas cocineras) que usaran cucarachas. “Total, bien tostadas y molidas nadie se va a dar cuenta”. “¿Y el sabor?”, preguntaron ellas. “Tampoco se van a dar cuenta” contestó él.

¿Creerás que tenía razón? La gente se los comió con el mismo gusto que a los chapulines. Pero el caso fue que se les acabaron las que había en la cocina. Entonces, se fueron a cazarlas a los baños. A una de las señoras le dio un poco de asco, y por iniciativa suya antes de guisarlas las sometía a un baño en alcohol. Las pobres se retorcían como endemoniadas, pero luego ardían muy bien en el sartén. Además, el alcohol les dejaba un gustito especial que, sobre todo a los señores, les agradaba mucho. Hubieras visto a los del 56, que siempre andan incróspidos, cuántas veces fueron a comer los famosos tacos de cáscara de papa; y acabaron pidiéndolos sin cáscaras, sólo con chapulines. Y como resultan más baratas las cucarachas que las papas, imagínate las ganancias.

Pero se acabaron las cucarachas, y eso que son muy prolíficas. Entonces, el portero les dijo que fueran a cazarlas a los baños de la vecindad, que allí había para dar y regalar. Pero como no quería que los vecinos se enteraran, los hizo ir a las doce de la noche, y mandaba cerrar los baños un rato antes, que algunos vecinos desvelados o enfermos tuvieron que salir a esas horas y correr al King´s, que esos días estaba abierto toda la noche, y hacer consumos para que los dejaran usar el baño. Pero hicieron una promoción especial, consistente en ponerles un poco más de “chapulines” que a los clientes ordinarios, que a esas horas eran las muchachas del hotel y sus manejadores (“administradores” los llaman ellas).

El caso es que los empleados del King’s sacaban cajas y cajas de cucarachas, y el negocio iba viento en popa (es una expresión marítima. Ya te imaginarás lo que significa). El caso es que una vez, entre las cucarachas encontraron un animal negro, con patas grandes y una especie de ganchos en las de adelante. Lo iban a tirar, pero el portero se los prohibió, diciendo que, aunque negro, era carne; que lo tostaran muy bien y que pasaría como chapulín. Esa señora que es un poco asquerosa le cortó los ganchos y un pico que  tenía en la cola, lo aplastó con un zapato y lo echó al sartén con todo lo demás.

Nadie se quejó, nadie devolvíó los tacos, y el portero les dijo a las señoras que todo era comestible, que no fueran tiquis miquis (no lo puedo traducir) y se pusieran a trabajar. Ellas tuvieron que hacerle caso, y cuando se acababan las cucarachas no vacilaron en echar moscas, lombrices y uno que otro azotador, a pesar de las espinas. Al fin y al cabo que los “Potato Peel Tacos”, cubiertos con salsa bien picante, eran deliciosos de todas formas.

Pero un día, los parroquianos empezaron a enfermar del estómago. Y no tardo en correr el rumor de que era la comida del King’s. ¿Cómo lo supieron? Nadie lo sabe. A lo mejor fue la señora que es un poco asquerosa, quien se puso malísima un día que se le fue una arañita en el guisado; a lo mejor fue alguien que vio lo que pasaba en la cocina, pero el caso es que llegó un inspector de Salubridad en el momento en que estaban friendo un ciento de cucarachas medio muertas, medio vivas, y armó un escándalo tremendo. Clausuró el establecimiento, sacó a todos los empleados, puso sellos en las puertas y dijo que esa “fonducha” no volvería a abrir sus puertas.

El portero casi se infarta, y corrió a hablar con él. Le prometió que nunca volvería a suceder, que iba a correr a todas esas cochinas y a contratar cocineras de verdad, que iba a acatar todas las normas de Salubridad, que iba a fumigar todo el local, y que… El inspector no lo dejó seguir, y le dijo que esas faltas a la  higiene no se podían  tolerar. El portero se lo llevó a una cantina cercana, le puso enfrente una botella de tequila y varios refrescos. Cuando sintió que empezaba a ablandarse, porque la cabeza ya se le caía sobre el pecho, lo llevó al hotel, le presentó a la madrota (la gerente del cotarro, como quien dice) y lo encerró con ella en la habitación que tiene la cama más grande. Y cuando salió de allí, agarrándose de los barandales y de las paredes, le puso en la mano un fajo de billetes que el inspector no pudo ni contar, porque los ojos se le iban para atrás, lo metió en un taxi, y lo mandó a la dirección que le dio.

Al día siguiente quitaron los sellos. Pero el portero ya no sirvió más chapulines de Oaxaca. Por si acaso.

¿Qué dónde está el saco? Era el que el portero quería llenar con sus ganancias. Que no lo pudo hacer, porque el agasajo al inspector le costó más de lo que había ganado esos días. Además, durante un tiempo no comió en el King’s. Por si acaso, también.

Te quiere,

           Cocatú



Número 23 - Noviembre 2018
revista-portada.png
Descargar gratis