Se encuentra usted aquí

Cartas a Tora LXVI

Viernes, 15 de Diciembre 2017 - 16:00

Autor

hitchcock-profile.png
Enrique Delgado Fresán

Compartir

Querida Tora:

         Se han reanudado los partidos de futbol y en la vecindad no se habla más que de los goles que meten los “Rayos” y los “Relámpagos”. Pero el otro día pasó algo que les hizo olvidar las anotaciones durante un tiempo.

Resulta que el señor del 48 es un apasionado del futbol y su hijo es portero de los “Rayos”. Y en el juego del domingo los “Rayos” cometieron una falta y les pusieron un “penalti” (Que significa castigo. Creo que ya te lo dije). Era en los momentos finales y todo dependía de la habilidad del portero para atrapar el balón. Estaba que no se comía las uñas porque ya se las había acabado, y se limitaba a gritar para animar a su hijo; pero esos gritos se oían por todo el barrio y tenía impresionados hasta a los policías del crucero cercano. Total que los “Relámpagos” se prepararon a chutar, dan el patadón, y el balón se va a incrustar en la portería de los “Rayos” sin dar tiempo al portero ni de verlo. ¡¡¡Goool!!! El señor del 48 abrió la boca, seguramente para insultar al portero (su propio hijo); pero el grito no llegó a salir de la boca; algo ocurrió dentro de su cabeza (me imagino), porque rodó gradas abajo hasta la cancha y allí quedó, pateando incontrolablemente y echando espumarajos por la boca.

Inmediatamente lo levantaron los muchachos del 41 y lo llevaron a la vecindad. Pero antes de subirlo a su vivienda, alguien sugirió que lo llevaran al Seguro Vecinal. Así lo hicieron; pero la enfermera dijo que no, que ella no podía atenderlo, porque nunca había visto a un enfermo echando espuma por la boca, que a lo mejor era rabia y que ella tenía niños chiquitos, no los fuera a morder si se portaban mal. En eso llegó el portero y le dijo que se le pagaba para atender a los vecinos, que le diera algo. “Ya no tengo chiquiadores de ruda”, respondió ella. “Pues vete al mercado a comprarla”. “Está muy cara. No me alcanza con lo que me da”. El enfermo se quejaba y se tocaba la cabeza, por lo que dedujeron que le dolía y le pidieron que le diera un analgésico. “No tengo”, respondió. El portero se puso pesado y le exigió que le diera algo. “Sólo tengo purgantes”, protestó la enfermera. “Pues déselo, es medicina, ¿no? Algo le hará”.

Sí, le hizo “algo”. Se puso a patalear y a bracear con desesperación. Los vecinos estaban muy preocupados. Y su esposa y su hijo, figúrate. Por fin, decidieron llevarlo a un hospital cercano; lo pusieron en una tabla, bien amarrado para que no se les cayera y se lo llevaron.

El portero no fue. Se quedó regañando a la enfermera por no tener medicamentos. Pero en cuanto los vecinos se alejaron, le pidió el dinero que aún tenía de las cuotas y se lo embolsó. Tenía que llevar a cenar a la Flor “a algún lugar que no fuera el King's; o, de lo contrario, no hay de piña." (Así se dice. ¿Te imaginas? ¿Qué culpa tiene la honesta piña de que la usen para esos menesteres?). La llevó a un restaurante de primera en el que sirven platillos muy sofisticados, que a la Flor no le gustaron; y al salir la tuvo que llevar a un puesto de tacos de cabeza, porque estaba muerta de hambre. Pero eso no lo saben los vecinos.

Volviendo al enfermo: estuvo mucho tempo en el hospital, lleno de tubos y de medicamentos, que casi no se le veía la cara. Era un hospital del sector social y no les cobraron; sólo les pidieron que les permitieran probar con él una medicina nueva, a ver qué resultado daba. La esposa no quería, pero los vecinos la presionaron, y aceptó. Total, que salió al fin por su propio pie, pero trastabillando mucho y se cayó al atravesar la calle, porque se le enredó un gato entre las piernas (no fui yo, te lo juro), y azotó.

El diagnóstico que le dieron fue que al no parar su hijo el gol, él hizo un coraje más grande que un tren y se le cayó un capilar en el cerebro. En otras palabras, tuvo un derrame cerebral pequeño. Pero la medicina esa, la nueva, parece que no le hizo mal, porque se recuperó bastante. Quedó un poco telele, pero…

Interludio médico.- Telele. No sé si es adjetivo o sustantivo. Se dice mucho “Le dio el telele” cuando alguien queda tembloroso o como bailando sentado. Pues así quedó el berrinchudo ese, que no puede ni comer porque todo lo avienta; y tienen que darle de comer con mucha paciencia y poniéndose un delantal (mejor dicho, una túnica) que los cubra todos. Porque, de otra forma, no ganan para lavar ropa. Y con el problema de los lavaderos, que siguen destrozados, tienen que usar el lavabo y una camisa como quiera cabe, pero un pantalón…

La esposa está que no la calienta ni el sol (es que hace un vientecito helado insoportable). Y el hijo, inconsolable. Afortunadamente, se reanudó el campeonato de futbol y ya está jugando otra vez; le prometió a su papá que no le volverían a meter un gol de penalti. Y por eso, tiene amenazados a todos sus jugadores que si alguno hace algo que sea castigado con una falta, se las van a ver con él después del partido. Eso ha creado un ambiente un poco violento en los partidos, pero acabarán por olvidarlo.

Por otro lado, los gatos seguimos nuestras vidas sin problemas. Siempre hay alguien que nos da de comer, aunque sean piltrafas. Yo ya me acostumbré y hasta le encontré el gusto. Lo único que no soporto son los ratones guisados con cebolla que a veces me dan; ésos se los cambio a alguien por lo que sea, siempre y cuando no tenga cola.

Bueno, mi amor, hasta otra.

Te quiere,

         Cocatú

revista_mayo_2018.jpg
Número 18 - mayo 2018
Descargar