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Cartas a Tora LXI

Viernes, 10 de Noviembre 2017 - 16:00

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         La vecindad parece panal de abejas trabajadoras. Y todo es obra del portero. Ya te había dicho que sus puntos habían bajado mucho con tantas cosas que han sucedido, ¿verdad?; y para aumentarlos se le ocurrió hacer un concurso de belleza con las vecinas. En cuanto lanzó la convocatoria, todas se alborotaron; y el día que iniciaron las inscripciones ninguna de las muchachas fue a trabajar ni a la escuela; y las madres, tías, abuelas y demás parientes femeninas ni siquiera comida hicieron. Todas se fueron a inscribir, porque todas se sentían con derecho a ganar. ¡Y si vieras a la del 31… y a la del 18…! Más de 50 años, maltratadas y golpeadas por la vida y por sus maridos, y todavía se sienten atractivas. A veces me dan ganas de llorar; o de regalarles un espejo, que sería más práctico.

Aquello resultaba inmanejable y el portero decidió hacer unas eliminatorias. La primera consistió en aceptar sólo a las que fueran señoritas. Un grito de desaliento atronó el patio. ¿Por qué?, gritaron todas. ¿Y cómo van a saber si somos señoritas? A lo primero, el portero contestó que el título que recibiría la ganadora era “Miss Condominio 2017”, y “Miss” significa “señorita”. ¿Qué cómo iban a saberlo? Pues muy sencillo: solamente las solteras eran señoritas. ¿Aunque tengan hijos?, preguntó alguien. “Aunque tengan ocho hijos”, respondió él.

Eso redujo mucho la cantidad de aspirantes. Sobre todo, se fueron las más viejas. Pero quedó la del 58, de casi 60 años de edad y más fea que un alebrije apachurrado. Entones empezó el concurso.

La primera prueba fue en traje de noche. Se presentaron en camisón, las que lo tenían. La del 58 apareció en pantimedia, diciendo que así dormía ella. Y no siempre. Para la prueba en traje de deporte se pusieron los “pants” y las playeras de sus maridos, hijos o novios. Así se descubrió que la chamaca del 14 era novia del muchacho del 36, con el consiguiente disgusto de los padres de ambos, que querían “algo mejor” para sus hijos.

Para el traje de trabajo, cada quien se puso lo mejorcito que tenía; salvo la del 58, que encima de la pantimedia se puso un delantal lleno de olanes que usaba para cocinar. Y la que trabaja en el hotel de junto se iba a presentar sin ropa: pero no se lo permitieron, alegando que eso era hacerse propaganda gratuita y la obligaron a ponerse una bata que sólo permitía adivinar sus formas, ante el beneplácito de los caballeros, que esa noche fueron en masa al hotel y estuvieron a punto de provocar un escándalo. A la muchacha la eliminaron, diciendo que era una “belleza profesional” y que obraba con ventaja sobre las demás. Ella se retiró muy a gusto, pues ya había conseguido lo que quería.

Llegó la hora de nombrar a los jueces. Y ahí empezaron los verdaderos problemas, porque la del 58 dijo a los elegidos que si no la elegían a ella, tendrían que atenerse a las consecuencias. Y como nadie sabía lo que eso significaba, le tuvieron miedo. Sabían que la vieja era de armas tomar y prefirieron vivir en paz lo que les quedaba de vida, así que renunciaron.

El portero tampoco quiso arriesgarse y tuvo la idea de hacer una votación entre todos los vecinos.

El día señalado se presentaron todas las aspirantes en traje de baño, y desfilaron por todos los patios y pasillos. Junto a la portería pusieron unas urnas y allí fueron depositando los vecinos sus votos. Luego, mientras se hacia el conteo, la Flor cantó para el público, aprovechando huequitos entre las porras y los nervios de las concursantes.

Ganó la del 56 un tratamiento de belleza completo que incluye tres pelucas y una máscara. El concurso lo ganó la chamaca del 13, que tiene cara de ángel y cuerpo de demonio, y que si no tiene hijos es porque conoce muchos métodos anti-conceptivos.

La Flor prometió enseñarle a cantar y a bailar. Pero cuando le pusieron la corona, se echó un bailecito durante el cual se fue quitando poco a poco la ropa, hasta quedar sin nada. La Flor le dijo que ya podía ponerse a trabajar en alguno de los cabarets del barrio, que le iría muy bien. Todas las que perdieron le dieron la espalda y le pronosticaron que lo de “señorita” se lo iba a quitar muy pronto. Pero a la chava no le importó.

Total, que para finales de año dio a luz un bebé. Pero seguía siendo señorita, porque no se había casado. A ver si no le pasa como a la gatita rubia, que ya va en su tercera camada de gatitos.

Te quiere,

              Cocatú

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Número 12 - noviembre 2017
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