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Cartas a Tora LII

Viernes, 08 de Septiembre 2017 - 16:00

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         La epidemia de gripa tuvo unas consecuencias que no te imaginas en el caso del portero. Todavía estaba convaleciente en su silla de ruedas y vino la Flor del Mal a visitarlo y cantarle una canción para animarlo, porque estaba muy decaído; traía hasta tapabocas, para evitar el contagio. Pero al rato de estar allí, se quitó no sólo el tapabocas, sino también el tapa-vergüenzas, si sabes lo que quiero decir (y espero que lo sepas, porque más no voy a decir). Yo estaba en su ventana tomando el sol y lo vi todo. No por morbo, sino por accidente, porque éstos no se cuidan de nada. Tan no se cuidan, que el chavo del 7 salió de su vivienda y al pasar por la portería los vió.

Yo pensé que le iba a dar un síncope, de pálido que se puso. Pero no. Se repuso, entró a la portería y sacó a la Flor al patio, así como estaba, arrastrándola de los pelos. Le dijo que era una… y una … y una … (ya sabes que no me gusta emplear esas palabras tan soeces) y una desgraciada (esa sí la uso, porque estuvo muy bien empleada). Ella lloraba y decía que no era lo que parecía, que sólo lo quería a él y que aquello era una imposición del portero. Por un momento pensé que el chavo le iba a creer; pero no, se mantuvo firme en su furia y se fue contra el portero. Este se defendía diciendo que estaba enfermo, que no se hallaba en condiciones de responder; pero cada vez que decía algo, el chavo le daba de nuevo. Le dejó la cara toda ensangrentada.

Para entonces, ya habían salido los vecinos que se sentían medio bien. Los otros espiaban desde sus ventanas. Los guaruras quisieron intervenir, pero los miembros del Consejo, con la Mocha a la cabeza, se los impidieron. El portero suplicaba ayuda, pero la Mocha le decía que lo tenía merecido, por engañar al presidente del Consejo que, además, era su amigo. Todos la aplaudieron mucho.

Cuando se cansó de pegarle al portero, el chavo se volvió a la Flor. Parecía que le iba a pegar también. Pero yo vi que tenía los ojos llenos de lágrimas. Ella se tiró a sus pies, pidiéndole perdón, y se abrazó a sus rodillas. El no le dijo nada (le temblaba la voz, seguramente y no quiso dar el espectáculo) y se desembarazó de ella (con delicadeza, por cierto) porque no lo dejaba caminar. Entonces se oyó una voz que gritó “¡Tíratela! ¡Tíratela!” (Era el del 38, que es muy macho). El chavo se volteó como si lo hubiera picado una víbora, hizo un esfuerzo y dijo “No se trata de eso. El acto de amor es una comunión entre dos seres”. Hubieras visto la ovación. Pero fue sólo de las mujeres. Los hombres expresaron su disgusto a voces y algunos hasta le chiflaron. Pero al chavo no le importó. Estaba muy herido e inconscientemente volteó hacia su vivienda. En la puerta vio a su mamá, esperándolo ansiosamente. Yo creí que iba a correr hacia ella, pero se volvió a la Flor y le dijo que se fuera, que no lo buscara, que olvidara que se habían conocido, que ya no podía haber nada entre ellos. Y yo me pregunto: “¿Qué nunca se dio cuenta de todas las otras veces que había estado en la portería? ¿O en el hotel? Si hasta el del 38 tuvo que ver con ella…”. Y concluí que no, que estaba tan enamorado que no veía ni lo evidente. (Así estoy yo por ti, pero yo no estoy ciego. Así que mucho cuidado con lo que haces con el innombrable ahora que estoy lejos, porque me voy a enterar)

Pero no acabó ahí la cosa. Antes de irse, el chavo fue donde le estaban lavando la cara al portero y le dijo que ya se veía presidente (dueño) de la vecindad, pero que no iba a ser tan fácil; que una persona que traiciona a un compañero de fatigas en el gobierno de la comunidad no es digno de ocupar tal puesto; que él se iba a lanzar como candidato y que lo iba a derrotar; que él tenía estudios, una carrera universitaria y un empleo en el gobierno; que comprendía las necesidades de todos porque las compartía y no vivía en una abundancia pagada por ellos; que se preparara, porque la lucha iba a ser sin cuartel ni piedad.

Un silencio sepulcral siguió a sus palabras y al portero le volvió a sangrar la nariz. El muchacho se volvió para dirigirse a su vivienda; y ahí estaba su mamá, con una tacita de té de boldo para el coraje. El chavo se alejó tomando el té a sorbitos, apoyado en el brazo de su mamá.

Ese día era sábado, y todos temimos que no hubiera función de cine. Pero a las seis de la tarde, ya estaban los guaruras colocando las sillas. Y a las ocho en punto dio principio “La Bien Pagada”. En primera fila estaban la Flor del Mal y el portero.

¿Qué te parece?

Te quiere,

             Cocatú

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Número 12 - noviembre 2017
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