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Cartas a Tora CX

Viernes, 30 de Noviembre 2018 - 08:55

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

¿Sabes cómo taparon el agujero del patio? Pusieron  un entramado de tiras de madera, como una reja; los huecos entre las tiras los taparon con un cartón fuerte, y luego echaron tierra de la que llaman “para macetas”, que dicen que es muy buena para que crezcan plantas (el pasto es planta y, por lo tanto, debía ser  buena para él). Luego echaron la semilla y al final regaron abundantemente.

Los vecinos presenciaron toda la operación y la aprobaron con entusiasmo. Y hasta organizaron  turnos para regar la tierra y que todo se desarrollara bien. Pronto tuvieron el gusto de ver que asomaban unas puntitas verdes, y comentaron lo bonitas que se veían contra el fondo café de la tierra.
Todos los días se paraban un rato a verlas crecer (ilusiones, fumadas de opio o mariguana), y algunos hasta las medían.

  El portero estaba que no cabía en sí de gusto, porque continuamente lo felicitaban por su gran idea de poner pasto. Él paseaba junto a la tierra y dejaba que lo fotografiara quien quisiera; y un día trajo a los porteros de otras vecindades para que vieran su obra, “que era profundamente ecológica”, dijo en un arranque de vanidad.

Todo iba bien, hasta que empezó a llover. Muchos se alegraron, porque les evitaba el trabajo de regar el patio; pero hubo otros (los del 37) que torcieron el gesto, porque querían sacar a la abuela a tomar el sol, y el agua se los impedía. Un día que no llovió la sacaron en su silla de ruedas, y por primera vez la pusieron en la zona de tierra. Algunos los criticaron, diciendo que podían echar a perder el pasto, que todavía no estaba fuerte, y les exigieron que la sacaran. Empezaron a discutir y, ¡ay, mi amor!, no te imaginas lo que pasó. El piso se venció y cayeron todos al fondo del hoyo. Algunos cayeron en blandito (la susodicha abuela es talla XXXGrande; pero otros se dieron contra el piso y las piedras del fondo. No hubo muertes, pero sí huesos rotos y heridas sin mayores consecuencias. ¿Y sabes por qué? Porque el agua, no sólo la de lluvia sino también la que los vecinos echaron, pudrió las iras de madera, y éstas se rompieron.

Los vecinos fueron a buscar al chavo del 7 (es abogado, ¿te acuerdas?) para  demandar al portero y hasta echarlo de la vecindad. Pero él se defendió muy bien (auxiliado por el guarura guapito) diciendo que la decisión no había sido suya; que lo de poner el pasto había sido aprobado por todos, y que ahora tenían que fregarse (como lo oyes. A veces es muy grosero). Los vecinos no supieron contestar. Y se quedaron con el entripado. Sobre todo los del 37, por lo de la abuela, que tuvieron que alquilar un malacate para sacarla del hoyo; y las cuerdas se les rompieron dos veces, por lo que tuvieron que pagar extra. El yerno decía que mejor la dejaran en el hoyo; total, le bajaban la comida y ya; pero a la señora le dan mucho asco las ratas  y las cucarachas, y no quería convivir con ellas (como si en su vivienda no hubiera, porque mira que la hija es de lo más fodonga (o sea, sucia, floja; pero se oye más bonito fodonga). Cuando por fin la sacaron, tuvo que guardar cama (es un decir; duerme en el suelo, porque no hay cama que la aguante) y tomar complementos alimenticios porque se sentía muy débil. Pero no pasó de ahí, y de que el yerno pusiera mala cara por los gastos inesperados.

El sábado, el portero les pasó una película que se llama “Las Dos Huerfanitas” como para compensarlos. Pero el guarura guapito, que cada día se dice más culto, dijo que era “para que tuvieran una catarsis adecuada”. Sí, sufrieron muy a gusto las desventuras de las dos niñas; y los que no sufrieron, se rieron. Total, todos contentos (incluyendo a la abuela XXXGrande).

Te quiere

Cocatú

 



Número 23 - Noviembre 2018
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