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Cartas a Tora CIV

Viernes, 05 de Octubre 2018 - 15:30

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Lo que te voy a contar es triste. A veces no me explico cómo es esta gente. Son buenas personas, pero tienen unas cosas que no sé cómo catalogar.

Resulta que llegaron unos inquilinos nuevos al 42, un señor con su esposa y su hija. Y el día que llegaron no estaba el portero. Esto es importante, porque si los hubiera visto, tal vez no los hubiera dejado entrar. ¿Y sabes por qué? Porque son japoneses.

Te preguntarás qué tienen los japoneses de especial. Son un poco diferentes físicamente; y, desde luego, hablan otro idioma. Es un idioma muy difícil, del cual no se entiende nada. Estos hablan español, por supuesto, pero  con un acento muy raro. Cuando no los entendemos se echan a reir y lo intentan otra vez. Así, con paciencia y buena voluntad, llegan a comunicarse con nosotros. Bueno, conmigo no, pero ya me entiendes.

Cuando llegó el portero, que se había ido con la Flor (y su prima) unos días a Acapulco, se enojó. Dijo que no debían haberles permitido la entrada, que allí sólo puede vivir gente como nosotros, blancos y con nuestras características. Para empezar, les dijo, son amarillos (Es cierto: tienen la piel de un color amarillo; pero no muy fuerte, sólo un poco). Luego, esos ojos jalados, que parecen que están mirando para otro lado; a lo mejor son de otro planeta, y han venido aquí a espiarnos para conquistarnos. Una exclamación de fastidio y de molestia salió de todos los vecinos. Imagínate: pensar que alguien de otro planeta los está espiando y escribiendo a su gente cómo son los terrícolas. ¡Qué tonterías piensa la gente! Luego, añadió, son tan modositos que hasta parecen falsos; seguramente son falsos, quieren ganarse nuestra confianza, y después nos darán una puñalada por la espalda. Los vecinos empezaron a abuchearlo. Por fin, el portero bajó la voz y dijo: ¿Y no saben que las mujeres tienen el mono atravesado?

Me quedé patidifuso (O sea, patitieso) ¿Qué mono es ese? ¿Y dónde lo tienen atravesado? Los vecinos sí entendieron; algunos se rieron, otros le dijeron que estaba loco, y los más lo tiraron de a lucas (No le hicieron caso, en buen español). Luego, el portero añadió: “Ya verán, ya verán”, y se metió a la portería, muy digno, porque ya la Flor lo estaba apurando.

Yo no me iba a quedar con la duda. Tenía que consultar un diccionario. Y me fui al 7, porque al chavo lo mandaron a una diligencia fuera de la ciudad. Saqué un diccionario muy grande y estuve buscando “mono”. Encontré: “Nombre general de los animales cuadrumanos que se distinguen por su parecido con el hombre”.  Eso no tenía nada que ver. “Bonito, lindo”. Las mujeres tienen muchas cosas bonitas, pero ¿a cuál de todas se refería? “Prefijo que significa único”. A lo mejor por ahí va la cosa…

En eso me sorprendió la mam´s del chavo. Se me quedó mirando y dijo que nunca había conocido un gato culto. Me echó al pasillo, y desde entonces me da un poco más de carne que de pellejos. Algo saqué de la cultura.

Encontré a los guaruras agrupados, hablando en voz baja. Me acerqué y oí que hablaban del mono de las japonesas, y me quedé allí, a ver si lograba averiguar algo. ¿Y sabes qué? Estaban haciendo planes para espiarlos por la ventana del baño. Aquello me intrigó. Vi que preparaban unos tubos, unos codos y muchos espejos. Y esa misma noche los vi colocar todo ese material. Fue un verdadero trabajo de ingeniería. Ninguno de ellos es ingeniero (Ninguno ha estudiado nada), pero se ve que se informaron y construyeron un periscopio con muchas vueltas y revueltas para poder ver el interior del baño de los japoneses desde el patio. Y tomaban turno para espiar.

Al señor ya lo conocen por todos lados, pero a ellas no consiguen verles nada porque siempre usan batas. Pero ya me enteré de lo que es el mono. Y sí, es eso que te imaginaste. ¡Qué groseros son los guaruras! Y peor el portero, que vino a quitarlos a todos y se apoderó del periscopio durante dos días. Pero tampoco consiguió ver nada.

Los vecinos también querían enterarse del asunto, pero el portero les cobraba por usar el periscopio. Y no les dió ni un centavo a los guaruras, que fueron los que construyeron el periscopio. Todo se lo regaló a la Flor para que se comprara un vestido nuevo (Para la prima no alcanzó). Pero todos andaban muy alborotados. Los japoneses no se dieron cuenta porque no les entendían, que si no… Yo creo que los desafían a un duelo.

Las viejas ya estaban muy soliviantadas, y pensaban ir a preguntarle a las japonesitas lo del mono, para que sus maridos se calmaran, porque no hablaban de otra cosa. Pero la paz volvió a la vecindad cuando los japoneses se fueron. Algo explicaron al portero de por qué se iban, pero cómo les iba a entender, si ni siquiera estaba sobrio.

Los que quedaron contentos fueron los guaruras, pues ya sabían qué hacer para espiar a las muchachas de la vecindad. Un día se van a buscar un problema muy gordo por andar espiando a la gente. Ya verás.

Te dejo. Espero que te sigas portando bien. Ah, revisa la fachada de tu casa alrededor del baño, no sea que alguien te esté haciendo lo mismo.

Te quiere,

            Cocatú



Número 23 - Noviembre 2018
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