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Arte para todos: Tocados, sombreros y pelucas… tan altas como una escalera

Jueves, 19 de Febrero 2015 - 17:00

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Natalia Cabarga

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Las obras de arte de otras épocas, además de ser un placer observarlas, pueden servirnos para rescatar la vida de otros momentos, es decir, son el reflejo de una sociedad al mostrarnos modas, usos, costumbres, códigos, etc. Es por medio de esto y mi profesión como historiadora del arte que en esta columna quincenal trataré temas de la vida cotidiana de diferentes periodos, para relatarles los secretos y detalles que acompañaban la vida diaria de personas de otro tiempo.

En esta ocasión trataré el inicio del uso de los tocados y sombreros, que fue en la Antigua Grecia. Pasaré por la Edad Media para mostrar a partir de las imágenes las variantes de sombreros y tocados que se usaban. Y me trasladaré a la Francia del siglo XVIII para hablar del surgimiento y la realidad que vivían quienes portaban las altísimas pelucas clásicas de ese periodo.

Del tocado hasta la peluca

Desde la antigüedad podemos encontrar en esculturas y frescos (murales) de ciertas culturas, imágenes en las que aparecen personajes con el pelo y/o la cabeza ornamentada. En Creta, por ejemplo, encontramos las más antiguas representaciones de sombreros y boinas, las cuales aparecen decoradas con colores y lo que se puede entender como variadas texturas. En toda la obra pictórica de Grecia se observa el gusto por decorar el pelo con perlas, listones y diversos elementos, generando un toque muy particular. Se peinaban además, levantándose unos cuantos mechones con trenzas y a veces mechones enredados, formando un chongo, lo cual da un aspecto final muy elaborado y adornado. Siempre se distingue el pelo rizado u ondulado, lo cual o era una generalidad de la zona o era provocado para dar aun un mayor atavío.  Como ejemplo de esto, se pueden apreciar las imágenes 1 y 2, y además también se pueden encontrar por internet más imágenes de mujeres griegas y romanas, para apreciar la diversidad de peinados y adornos que usaban.

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Imagen 1: Fresco anónimo, “Mujeres de la corte minoica”. 1100 a.C. Creta

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Imagen 2: Fresco anónimo, “Mujer de la corte micenica”. Siglo XV a.C. Creta.

En la Edad Media el frío propició como uso utilitario los sombreros, incluso se llegaron a usar gorros para dormir, ya que en esa época se pensaba que las enfermedades respiratorias entraban por la cabeza. Eran capuchones de algodón blanco e iban pegados a la cabeza, amarrándose con una cinta por debajo del cuello. Para los fríos inviernos se empleaban, para salir a la intemperie, diferentes gorros de pieles y materiales más gruesos y con mayor volumen para cubrirse lo más posible del viento, lluvia y nieve. Con el paso del tiempo podemos ver en los diferentes libros, manuscritos y pinturas de época el constante interés en adornarlos y generar diversos estilos. Por ejemplo, las mujeres usaron un sombrero llamado “caperuza”, que llevaba encima una manta llamada “capelina” (pequeña capa que llegaba hasta los hombros, que servía para cubrirse de la lluvia), esto era sumamente útil pero podemos encontrar en distintas imágenes como va cambiando de forma y estilo y lo que inició como utilidad resultó en moda. Comienzan siendo conos puntiagudos y de la punta cae la capelina y se van transformando después en una capelina que cae sobre un peinado de dos chongos, uno de cada lado de la cabeza (el cual se puede apreciar en la imagen 4, obra sumamente relevante, de la cual en otra ocasión describiré a fondo su importancia). También podemos ver a mayor detalle, en la imagen 4a, la misma capelina y aparece el fragmento de un hombre, en el margen izquierdo, usando otro sombrero negro de ala ancha. La imagen 3 nos presenta a hombres con distintos tipos de tocados decorados con vegetación y otros con sombreros pequeños que aparentan ser de piel. También podemos encontrar a dos hombres con sombrero negro de ala ancha y a uno con un sombrero negro decorado con plumas blancas. La imagen 3 también nos presenta a varias mujeres, donde la mayoría lleva un peinado recogido con vegetación adornando el pelo, lo cual es similar a la moda griega y romana antigua. La mujer que aparece al centro de la imagen, montada en un caballo blanco, porta una caperuza más elevada que las de las imágenes 4 y 4a. Al revisar la imagen 4b se puede observar a mayor detalle dicha caperuza, la cual aparece como un trapecio sobre la cabeza, cubierta por la capelina. En esta imagen se muestran los principales estilos de caperuzas y capelinas usados desde el siglo IX al XIII, lo cual nos permite comprender mejor la transición de las caperuzas.

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Imagen 3: Hermanos Limbourg, “El mes de mayo”, miniatura de “Las muy ricas horas del Duque de Berry”. Hacia 1415. Museo Condé, Chantilly, Francia.

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Imagen 4: Jan van Eyck, “El matrimonio Arnolfini”. 1434. Óleo/tela. 82 x 60 cm. National Gallery. Londres. Fragmento de obra.

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Imagen 4ª: Fragmento de ilustración que representa un bautizo. Ca. Siglo XIII. Ubicación desconocida.

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Imagen 4b: Bocetos que rescatan la moda medieval de tocados, abarcando desde el siglo XI al XIII

Pelucas y peinados cada vez más altos

Habiendo visto ejemplos del inicio del uso de sombreros y tocados en la antigüedad y Edad Media, brincaremos hasta el siglo XVIII, al estilo Rococó, el cual ornamentó de manera inigualable principalmente la cabeza de mujeres, y también la de hombres (pero en este caso me centraré en las pelucas femeninas).

Francia era la potencia que dictaba la moda de la época, y debido a que la reina de Francia, María Antonieta (Imagen 5) dedicaba todo su tiempo en vestir y probar nuevas maneras de exaltar el Rococó, impulsó a que se propagara por todo Europa e incluso por las colonias de los imperios.

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Imagen 5: Fragmento de un retrato de María Antonieta. Siglo XVIII. Francia

Parte esencial del atuendo del Rococó fueron las elaboradas y ornamentadas pelucas, las cuales inician unas décadas anteriores al siglo XVIII, cuando el rey Luis XIV comienza a usarlas por su calvicie. Al poco tiempo se popularizan en la corte, ya que tendían a imitar al rey. Al inicio sólo la nobleza francesa las usaba pero con el tiempo se fue extendiendo a otras cortes europeas y finalmente cobró tanta fuerza este uso que se volvió incluso inadmisible salir sin ellas, a pesar de cualquier clase social u ocasión.

Los hombres se afeitaban la cabeza para evitar infestaciones de pulgas, piojos y demás parásitos, ya que en esta época la higiene era algo poco común, por lo que las pelucas ayudaron a mejorar el aspecto e incluso a disimular los malos olores. Ni hombres ni mujeres se lavaban el pelo debido a que no existía el champú y los jabones eran demasiado grasosos, por lo que afeitarse era una gran solución. Pero las mujeres, quienes no era bien visto que se afeitaran, utilizaban varillas de materiales preciosos, usualmente marfil, llamados rascadores para aliviar la comezón y molestias producidas por los bichos, los cuales encontraban un perfecto nido en las pelucas. Los hombres también llegaron a  utilizar los rascadores, ya que si sentían comezón en la cabeza, de esta manera no tenían que quitarse la peluca para rascarse, acto que estaba prohibido dentro de las cortes, debido a que era imprescindible estar bien presentable sobre todo en ocasiones cuando las reuniones duraban días.

Las pelucas se empolvaban diariamente con harina para adquirir el tono blanco-grisáceo que marcaba la moda, tal como podemos ver en la imagen 6, en la que el dibujante caricaturiza dicha práctica que nos muestra, de forma sátira, el método para empolvarlas. Las pelucas se fabricaban de pelo humano, pelo de cabra, crin de caballo o fibras vegetales y hombres y mujeres de todas clases sociales las usaban. El material dependía del precio que se podía pagar.

En la corte de Luis XV, Madame de Pompadour, fue la cortesana francesa más famosa y favorita del rey quien siempre vestía a la última moda. Para ello tuvo un peluquero, llamado Léonard, quien lanzó la moda de los pouf (peinados artificiales de enormes dimensiones). Esta moda cobró relevancia poco a poco pero fue gracias a María Antonieta que se llegó a experimentar a niveles inigualables: se crearon las pelucas más altas jamás vistas, adornadas con alhajas, flores, listones, pájaros, mariposas, ramas de árboles, vegetación, cupidos y demás decoraciones, incluso una se elaboró para la reina con un barco miniatura hasta arriba (imagen 8). Esta peluca, así como otras exuberancias que María Antonieta llegó a portar, fueron muy criticadas por la sociedad del momento (imagen 7), debido al gasto que representaban, considerando que había mucha hambre y diferencia social. No hay que olvidar que a pocos años de estos eventos estallaría la Revolución Francesa y se guillotinaría a la reina María Antonieta, al rey Luis XVI y a toda la corte real en plena plaza pública, terminando así con la monarquía francesa.

Estas altísimas y elaboradas pelucas, por su falta de practicidad, limitaban el movimiento (algunas mujeres llegaron a tener que viajar sentadas en el piso), e incluso por ser antihigiénicas, pasaron en desuso, sin embargo marcaron la historia de la moda para siempre, recordándonos de inmediato a la Francia de la época.

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Imagen 6: Caricatura anónima. Sátira de empolvar pelucas. 1770. Francia.

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Imagen 7: Caricatura satírica de la época, que refleja la crítica social ante las exageraciones de esta moda.

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Imagen 8: Caricatura satírica de la época, que refleja la crítica social a María Antonieta y a las exageraciones de esta moda.

Por medio de este texto se pueden apreciar las diferentes razones que provocaron el uso de tocados, sombreros y pelucas. Ya sea por moda, utilidad o la combinación de ambas. No hice un repaso de todas las épocas debido a lo vasto del tema pero quise dar ciertos ejemplos que lo clarificaran. También podemos ver como las obras nos sirven para rescatar detalles de otro tiempo mostrándonos, en este caso, las diversas formas en que se ha cubierto y decorado la cabeza. Y con ello descubrir el por qué de dichas formas y modas, es decir, su utilidad y el uso cotidiano.

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Véase más en:

  • Cosgrave, Bronwyn, Historia de la moda. Desde Egipto hasta nuestros días, España, Gustavo Gili moda, 2006.
  • Davenport, Millia, The book of costume, New York, Crown Publishers.
  • Feydeau, Elizabeth de, El perfumista de María Antonieta”, Argentina, El Ateneo, 2006.
  • Gonzalbo Aizpuru, Pilar, Historia de la Vida Cotidiana en México. Volumen III, El siglo XVIII: entre tradición y cambio, México, Fondo de Cultura Económica y Colegio de México, 2005.
  • Instituto de la Indumentaria de Kioto, Moda desde el siglo XVIII al siglo XX, Italia, Taschen, 2004.
  • Lavín, Lydia, y otros, Museo del Traje Mexicano. Volumen III, El Siglo del Barroco novohispano, Editorial Clío, México, 2001.
  • Racinet, Auguste, The Complete Costume History, China, Taschen, 2006.
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Número 22 - Octubre 2018
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