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Aquel 2 de noviembre de 1907

Jueves, 01 de Noviembre 2018 - 17:30

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Sergio Ávila

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El 15 de noviembre de 1907, hace prácticamente ya 111 años, fue publicado en un periódico de La Paz, B.C.S., “El Distrito Sur”, una triste aunque bella prosa poética IN MEMORIAM de la srita. Ascensión González; inspiración de un temperamental caballero de aquella época de nombre Santiago G. Barbosa. A través de las finas expresiones del autor podemos apreciar eso que llaman “el melancólico placer de los recuerdos”. He aquí su trabajo titulado:

El 2 de Noviembre

“El cielo era azul, cubierto a veces por ligeras nubes blancas, que ocasionaban preciosos variantes de luz, y, por lo mismo, al contemplar los objetos, produciendo con esto, en el órgano de la visión, extrañas sensaciones; pero sobre todo al admirar de los árboles las ramas cubiertas de hojas amarillo-anaranjado y verde obscuro. Todo me parecía desacostumbrado: la naturaleza, besada por un aire frío, símbolo del ósculo homicida de la muerte, hizo que mi espíritu, profundamente abstraído, se entregara a la recordación de la insalvable ausencia de seres para mí queridos e inolvidables.

“¡Ay… cuán triste es traer a la memoria los días felices que pasamos al lado de nuestros padres, de nuestros hermanos y de nuestros amigos ausentes! Algo arrancan del espíritu y de la vida las lágrimas que se vierten en presencia de sus recuerdos; pues en fuerza de la memoria y de la imaginación, el alma tiembla y cae de rodillas ante el santuario del cariño que profesamos a los seres que fueron una emanación de nuestro origen o que fraternizaron por semejanza de carácter.

“Casi todas las personas van pensativas al panteón público 'San Juan'. Vestidas de luto llevan coronas de flores blancas, recogidas en el jardín de los cariños indestructibles a la acción amenazante del tiempo y la distancia; 'siempre vivas' que en breve colocarán sobre el palmo de tierra donde cayó exánime (la) que en un tiempo comulgó con nuestras ideas y soñó con nuestras esperanzas.

“¡Oh!... y el cielo, no obstante sus más o menos interrumpidos variantes, continúa azul, interceptada su hermosa claridad por ligeras nubecillas blancas: la tarde, que ya había llegado con sus encantos, da vida con artístico pincel al cuadro inimitable de la naturaleza, retocando, allá a lo lejos, sublime crepúsculo: el fenómeno más sorprendente que en mi peregrinación he contemplado absorto por completo.

“Llegué, por fin, muy emocionado al lugar santo, a la mansión de los felices viajeros, y solo, siempre solo, recorrí sus calles, pudiendo contemplar muchas ofrendas, llamándome sobremanera la atención, una, por la originalidad de las flores que la constituían: 'margaritas' y 'no me olvides', que adornaban con sencillez, humilde cineraria.

“¿Y por qué, me dije, tiemblan esas flores cuando las veo? ¿Por qué asoman en sus pétalos misterioso llanto…? Después de grande abstracción;

¡Ah! Me dijo una voz como el último murmullo de la tarde aquello:

es que las raíces de esas plantas sensibles atan fuertemente al ataúd de esa alma infortunada, que todavía sufre la amarga decepción de lo que impropiamente se llama vida. La hora de los recuerdos fue muriendo como se extingue la existencia, y Véspero1 asomaba con claridad siriana2 cuando me dirigía a mi alcoba lóbrega”.

Les comento que, precisamente al haberse cumplido un siglo de escrito este poema, aquella tarde del 2 de noviembre de 2007 me presenté a ese panteón de “Los Sanjuanes”3 y, al igual que su autor, recorrí sus calles, contemplé coronas de flores blancas ofrendadas a los difuntos, y recordé con nostalgia a mis familiares y amigos ya idos. También el cielo se mostraba azul, pero no aparecieron esas “ligeras nubes blancas,” –efectos acaso del actual cambio climático– que exactamente un siglo atrás vio el caballero Santiago G. Barbosa.

Amigos lectores, también en ustedes queda imaginar, qué pretendió significar este sentimental caballero a la difunta Señorita Ascensión González, mediante la expresión: “… (la) que en un tiempo comulgó con nuestras ideas y soñó con nuestras esperanzas.”

NOTAS

1 Véspero es el planeta Venus, como lucero de la tarde.
2 Sirio es la estrella más brillante, situada en la constelación del Can Mayor.
3 Semanas antes había ido a este panteón tratando de localizar la tumba de esta señorita. Recorrí detenidamente toda el área antigua pero no la encontré. El encargado del cementerio me dijo que tal vez fue sepultada cerca de la entrada, zona que había sido ya remozada. Y fue recientemente, que de manera casual encontré un documento en el Archivo Histórico local, donde especifica que ella era maestra de primaria.

 

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Número 22 - Octubre 2018
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