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¿A qué huele?

Martes, 03 de Octubre 2017 - 17:30

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Luisa Ruiz

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Hay un perfume de moda que huele horrible. Las mujeres que lo usan, que son muchísimas, no se han percatado de lo desagradable que resulta que dejen su aroma por donde pasan y más, si llevan prisa.

Y debe estar muy de moda. Hace unos días, hubo junta de padres de familia en el colegio de la esquina y toda la cuadra olía a perfumes de todos, predominaba ese. Pasé en bicicleta a la hora de llegada para la junta y exclamé en voz alta ¡órale, explotó una perfumería! El guardia del colegio me escuchó: “y me tienen todo mareado” —dijo tapándose la nariz.

Se supone que un aroma debe ser sutil, que los perfumes están hechos para ser usados de acuerdo al potencial de hidrógeno, alcalinidad y acidez de cada piel. Hay perfumes que no son compatibles con todos los tipos de pH además, las fragancias no se untan, se colocan por gotas en ciertas partes del cuerpo y estas señoras del colegio, decidieron meterse al frasco justo antes de salir de casa.

Es muy desagradable, por ejemplo, en el café en el que me encuentro escribiendo, estar rodeada de olorosas y el olor de todas juntas, hacen del aire, un ambiente barato y denso que opaca el rico olor a café.

Hay temporadas y épocas para cada aroma, y el pH de cada persona sigue siendo muy importante. Si los niveles de acidez y alcalinidad de cada piel son altos, el perfume no indicado huele horrible y si son bajos y la persona lo sabe, se baña con la mitad del contenido del frasco, lo que hace que huela horrible.

En otra época, Maja, Aires del tiempo, y aguas de colonia como Jean Naté inundaban el aire, eran fragancias muy suaves que, lejos de marear, causaban una sensación de alegría, esa que cierra los ojos despacito y provoca inhalar para después soltar tres deliciosas palabras: “qué rico huele”. Lo mismo sucedía con las lociones para caballeros, por mencionar algunas, English Leather, Brut, Old Spice o Jockey Club y que lograban el mismo efecto en el olfato y en el cerebro.

Después llegaron aromas muy fuertes y que fueron usados sin medida causando un resultado contrario. Recuerdo un Cinnabar, que olía como si fuera una revoltura de aceites viejos y acedos, o el Poison, que era realmente un veneno para la nariz. Los caballeros seguían usando la loción para después de afeitarse que les dejaba un aroma muy agradable.

Las marcas introdujeron esencias novedosas y a finales de 1970, los adolescentes y jóvenes ya tenían sus perfumes y lociones de moda que, igual que ahora, las fiestas, la pista de patinaje y los salones de clase olían al perfume de las niñas: Charlie, que huele a risas; Anaïs Anaïs a palabras suaves, o Miss Dior, que huele a novio. Y al de los chicos, un Paco Rabanne, que huele a atrevido; Aramis, a carreras de autos o Vetiver, que huele a güero. Y de los deportistas, Adidas, que huele a raqueta, Fila, que huele a triunfo y Lacoste, a caminos desconocidos.

Después, los aromas eran raros: Minotauro, que olía a pensamiento perverso; Carolina Herrera para hombre, a ácido muriático con flores; Obsession, a caramelos derretidos; CK One, a limonada agria; Fahrenheit, a pepino con chile; Patrichs, a calle contaminada; Cacharel, a peluca.

Nunca he sabido cual es la relación que tiene mi olfato con las cosas. Lo cierto es que siempre aparece en mi mente un momento o una cosa que se parece a lo que huelen las personas, los ambientes y los perfumes. Por eso a veces, me es tan desagradable el olor que hay en las calles.

Por otro lado, hay fragancias que me provocan seguir a la persona que lo porta como sucedió una vez en un avión, pasé el vuelo entero metida entre los dos asientos de enfrente porque un caballero usaba una loción de olor irresistible. Huele a ganas —pensé. A ganas de olerlo siempre y de preguntarle cuál era esa loción. Al final del vuelo, y para no provocar un mal momento, le pregunté a la señora que lo acompañaba. Envy, una loción que huele a ganas.

Los aromas siempre tienen un momento que contar, una persona en la memoria para presentar o un lugar que presumir. He preguntado muchas veces cuál es el nombre del perfume o loción que usan, algunos los reconozco de inmediato, otros solo se parecen a algo o a alguien que conozco lo que no sé, me lo invento.

La primera vez que me atrevo a preguntar por el nombre de uno feo, como hoy en el café a la señora junto a mi mesa: ¿Cuál perfume estás usando? En lugar de decirme el nombre, contestó con otra pregunta: ¿Te gusta? huele rico, ¿verdad?

"No" —le dije— "pregunto porque huele horrible", y me fui. En lugar de enojarse, alcancé a escuchar cuando preguntó a sus amigas: "¿es cierto que huele mal?". Antes de dar la vuelta a la esquina, observé que las tres asentían con pena. Ya se me hacía que ese perfume tenía un olor raro, huele a señora presumida.

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Número 12 - noviembre 2017
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