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Toxicología electrónica

Lunes, 23 de Julio 2018 - 15:00

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Antonio G Trejo

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"No hagas a otro lo que no quieras para ti", Confucio.

Nuestro pequeño mundo esta saturado de objetos y equipos electrónicos que usamos a diario para nuestro confort y necesidad, pero también está determinado por satisfactores personales que pretenden llenar esos vacíos de banalidad y que supuestamente van a hacer resaltar nuestra personalidad y carácter. Con esos pretextos aspiramos a adquirir el reloj que está de moda, la computadora más rápida, la cafetera que luzca mejor, etc. Esta generación de objetos electrónicos tiene muchas ventajas, son mas ligeros, son muy eficientes (cuando funcionan), ocupan poco espacio, son fáciles de usar, muchos son portátiles y aparentemente suelen marcar el estracto social y económico de sus dueños, o por lo menos, esa es la tendencia.

A pesar de todas estas características y ventajas tan positivas, también existe un lado muy obscuro en todos estos objetos. Las ventajas y propiedades de eficiencia y maniobrabilidad se logran gracias a los avances en la electrónica moderna que se basan en el uso de circuitos impresos y tabletas integradas muy ligeras donde se realizan las reacciones químicas necesarias para lograr la eficiencia y la rapidez para la captación y transmisión de los procesos electrónicos. La electrónica actual ha incrementado el uso del plomo, cadmio, berilio y diversos bromuros, todos ellos muy necesarios en el ensamblaje y las conexiones de los aparatos, pero también bastante tóxicos para el personal que trabaje sin las debidas precauciones. Sin embargo, la verdadera magia de todos estos objetos está dada por un nuevo grupo de elementos químicos llamados metales raros o tierras raras, tales como: el cerio, el lantano, el itrio, el neodimio, el disprosio, el circonio, el terbio, el europio y el gadolinio; conocidos también como metales raros que aunque están presentes, no abundan en la naturaleza y además son difíciles de extraer y purificar. Dichos metales tienen funciones muy variadas que van desde la activación de sensores múltiples en la industria automotriz, las luces LCD, las películas que desvían los rayos ultravioletas en todos los vidrios y cristales de los automóviles y aparatos de precisión, los convertidores catalíticos, las baterías de uso diario y las de los automóviles híbridos, la fluorescencia en los teléfonos y lámparas, etc. Además de la toxicología inherente de todos estos compuestos, tienen la peculiaridad de ser radioactivos. Es decir, son elementos que siempre están emitiendo radiaciones en forma espontánea y por ende son tóxicos para los usuarios que están en contacto con ellos durante largos periodos de tiempo. Obviamente, ésto no se ha dado a la publicidad para no causar mayor alarma y confusión entre los trabajadores afectados, pero se han documentado numerosos casos de operarios contaminados con radioactividad en todo el mundo. Es irónico que el principio y el final de este complejo problema empieza en manos de personas pobres y desvalidas, de bajos recursos y poca educación, y termina de igual manera.

Las sociedades modernas se han prodigado en fomentar una cultura del ocio y el confort y se han lanzado a promover un consumismo desenfrenado, creando una demanda inusitada de todo lo electrónico, al grado de que cualquier pretexto es bueno para reemplazar un objeto obsoleto o que simplemente no vaya acorde al consabido estatus social.

Es muy lamentable que la gran mayoría de los fabricantes de aparatos electrodomésticos produzcan artículos que tienen una vida media entre 8 y 14 meses, obligando al consumidor a comprar un reemplazo nuevo. Al mismo tiempo nos enfrentamos a la falta de ética y la desmedida codicia de algunas compañías ambientalistas o recicladoras entre quienes destacan Hitachi y Mitsubishi, cuyos negocios e intereses están en la extracción y el reciclaje de los valiosos materiales electrónicos. Para completar, como si lo anterior no fuera suficiente, estamos a merced de compañías gigantes en la comunicación electrónica, tales como: Google, Microsoft, Facebook, WhatsApp y otras, que rehúsan actualizar las computadoras viejas (mayores de 4 – 6 años) con los nuevos adelantos o desarrollos conducentes a una mejor eficiencia y rapidez, aún cuando en algunos casos se les paga una cuota mensual (Microsoft).1 Estas compañías siempre actúan de acuerdo con sus políticas de operación, haciendo obsoleto cualquier equipo que aún funcione bien y sin problemas.

Las historias siguientes ilustran los ciclos de los metales raros en el ensamble de los aparatos electrónicos y su destino después de que son desechados y la consecuente toxicología que se genera a nivel del medio ambiente y la salud de cada uno de los trabajadores.

Algunos países como Australia, poseen los yacimientos de donde se extrae el mineral, para luego mandarlos a otros países donde se efectúa el ensamblaje de los aparatos. Tal fue el caso de Bukit Merah en Malasia, donde hace más de 25 años una filial de Mitsubishi, la Asian Rare Earth empleó a muchos habitantes de ese lugar (adultos, adolescentes y viejos) para realizar operaciones manipulando materiales radioactivos sin entrenamiento y sin equipo de seguridad. Los resultados fueron catastróficos, los niveles de radioactividad fueron tan intensos (88% por encima de los estándares de seguridad) que pronto se notaron los efectos (abortos inexplicables, fetos con malformaciones, decoloraciones de la piel, tumores dérmicos, problemas gastroentéricos, casos de ceguera y leucemia, etc.). Hasta que algunos activistas ambientales empezaron a documentar la desgracia y demandaron a la compañía, después de un litigio que empezó en 1985 y terminó en el 2010, la compañía cerró finalmente sus puertas y dejó abandonados por lo menos 80,000 tambos con 14,637 millones de litros con hidróxido de torio radioactivo. Afortunadamente, se hizo justicia y Mitsubishi, la compañía principal. fue obligada a limpiar el sitio, con un costo de más de 100 millones de dólares.2 Este es tan solo un caso aislado que muestra la codicia y la maldad tan inhumana de las compañías transnacionales, cuyo principal objetivo es la venta de los aparatos.

Después de que los artículos son abandonados por cualquier causa o sin causa alguna, pasan a formar parte de la chatarra electrónica, cuyo número y volumen es tan desmesurado que se calculan en 50 millones de toneladas. Tan solo en EE.UU. se descartan 30 millones de computadoras al año y en Europa se tiran 100 millones de teléfonos celulares, haciendo que los desperdicios electrónicos sean el tipo de contaminación más riesgoso y de mayor crecimiento e importancia en todo el mundo.

Es obvio que nadie quiere tener este tipo de contaminación en su patio trasero, así es que la situación ha dado margen a que poderosas empresas transnacionales como Hitachi y Mitsubishi hayan fomentado la idea de exportar y fomentar la extracción y la recuperación de todos estos valiosos materiales hacia países pobres en las condiciones anteriormente descritas. Estos hechos tan reprobables han alterado significativamente los equilibrios ecológicos y han dañado por generaciones la salud de los desafortunados trabajadores que operan día con día en sitios como:              

  • Chernobyl (Ucrania)
  • Citarum River (Indonesia)
  • Dzershinsk (Rusia)
  • Hozaribagh (Bangladesh)
  • Kabire (Zambia)
  • Matanza Riachuelo (Argentina)
  • Agbogbloshie (Ghana)
  • Guiyn (China) *

* Considerado el mayor sitio de reciclaje, donde trabajan más de 100,000 operarios.

Todos estos desajustes han provocado una crisis ecológica mayúscula y constituyen un grave atentado a la salud pública de los trabajadores. Aunque la mayoría de los países involucrados tienen leyes y reglamentos ambientales y los derechos a la salud sean considerados como Derechos Humanos al más alto nivel, aín no existe la voluntad política que haga cumplir dichos reglamentos.

Es a ti, consumidor, en quien ha recaído la responsabilidad de ejercer tu derecho para reducir el consumismo electrónico, es así de simple.

El desperdicio electrónico es todo aquel material eléctrico o electrónico que se va a volver a utilizar, revender o reciclar en otros aparatos o equipos. Ninguno de los componentes (plásticos o materiales eléctricos) son susceptibles a la degradación; todo depende de ti.

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Referencias

  1. Syed Faraz Ahmed., Global Cost of Electronic Waste. The Atlantic. September 29, 2016.
  2. Butler Kiera., Killer App. Mother Jones, November/December 2012.
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Número 21 - septiembre 2018
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