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Obsolescencia programada

Martes, 23 de Octubre 2018 - 16:10

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Marco A Paz Pellat

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Gartner pronostica que el gasto mundial total en tecnología llegará este año a los $3.7  billones de dólares, con un crecimiento de 6.2% con relación a 2017, la tasa más alta desde 2007. Esta consultora especializada en tecnología predice que estamos por entrar a un nuevo ciclo de crecimiento tecnológico.

Si bien los cambios que ha traído la tecnología consigo han sido positivos en general, también debemos de reconocer que nos han enfrentado a nuevos desafíos, peligros y vicios. Y uno de los vicios que más preocupan actualmente es la obsolescencia programada.

De acuerdo con Wikipedia, la obsolescencia programada u obsolescencia planificada ¨es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del mismo, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible por diversos procedimientos. Su función es generar más ingresos debido a compras más frecuentes. El objetivo de la obsolescencia no es crear productos de calidad, sino exclusivamente el lucro económico¨. (Obsolescencia Programada, 2018)

En pocas palabras, la obsolescencia programada busca engañar a los consumidores para maximizar las ganancias de los fabricantes de tecnología, disminuyendo de manera artificial la vida útil de sus productos. Ello ha despertado una gran molestia de diferentes sectores, entre ellos gobiernos, activistas, medios especializados y organizaciones de defensa de los consumidores.

Un antecedente de este tipo de ¨arreglos¨ entre los fabricantes de tecnología es el caso del acuerdo de los principales fabricantes de focos o bombillas, entre ellos General Electric, Phillips y Osram, que se reunieron en 1924 para firmar un acuerdo para limitar la vida útil de sus productos de 2,500 a 1,000 horas. (Arenas, 2018)

Esta nociva práctica es de varios tipos:

Obsolescencia de función. Es cuando el producto es sustituido por otro con una funcionalidad mejor.
Obsolescencia de calidad. Aquí el producto queda obsoleto por un mal funcionamiento programado.
Obsolescencia de deseo. Es cuando el producto pasa de moda, aunque siga siendo funcional y no haya sido sustituto por uno mejor.

La práctica de la obsolescencia programada se da vía tres formas:

La “obsolescencia incorporada”. Sucede cuando se incorpora al producto su terminación de vida útil en un tiempo determinado.
La “obsolescencia psicológica”. Aquí entra el juego de la mercadotecnia al crear nuevos deseos en el consumidor por un producto similar, pero más atractivo en términos de moda o lujo.
La “obsolescencia tecnológica”. Esta es la más común, y se basa en la aparición en el mercado de nuevas actualizaciones que desplazan las versiones anteriores. Es común en las computadoras y celulares. (Lexinfo, 2017)

Además de que la obsolescencia programada es una práctica de negocios que puede ser considerada ilegal y poco ética, con daños a los millones de consumidores en el mundo, también provoca problemas con la generación de más de 50 millones de toneladas de desechos que se están convirtiendo en un terrible problema medioambiental.

Los especialistas recomiendan que se legisle para combatir la obsolescencia programada, introduciendo mínimos de durabilidad de los productos y la inclusión de estándares, garantías mínimas y el derecho a la reparación. Otra opción es quitarles el control  a los fabricantes e introducir opciones de arrendamiento o renta de los productos tecnológicos transformando a los consumidores en ¨usuarios¨ en vez de ¨propietarios¨. (Legislación, 2018)

La tecnología nos sigue sorprendiendo día a día, ahora con vicios que pueden afectarnos y de los cuales debemos de tomar medidas de manera urgente. Esperemos que nuestro gobierno y los legisladores hagan su trabajo para evitarnos perjuicios con la denominada obsolescencia programada.

Contacto: www.marcopaz.mx, alfil3000@gmail.com, Twitter @marcopazpellat, www.facebook.com/MarcoPazMX, www.ForoCuatro.tv y www.ruizhealytimes.com.

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Número 22 - Octubre 2018
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