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Los anticonceptivos masculinos

Lunes, 05 de Noviembre 2018 - 14:35

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Antonio G Trejo

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Recuerdan aquellos anuncios del cine donde se advertía al público que la historia que iban a ver era verídica pero que la identificación de los personajes sería alterada para evitar dificultades posteriores a los protagonistas. Bueno…los personajes de esta historia son los mismos, un hombre y una mujer…todavía. Solo que por comodidad o por costumbre al redactar este artículo nos referiremos mas al hombre, pero de ninguna manera se pretende disminuir o devaluar el papel de la mujer en este asunto.

Por increíble que parezca el hombre ha buscado la manera de evitar los embarazos, solo que por comodidad o conveniencia siempre había delegado o atribuido dicha responsabilidad a la mujer. De tal manera que la mayoría de los métodos anticonceptivos estaban enfocados y diseñados para la mujer. El hombre solo ha tenido dos opciones: el condón y la vasectomía. Existen evidencias de que diversas culturas antiguas (egipcios, griegos, chinos, etc.) estuvieron interesados en limitar el incremento de la población. El diseño y el uso del condón ha tenido diversas modificaciones, dependiendo del material y la tecnología de la época. Los primeros condones fueron pedazos de tela suave embebidos en aceite, después vinieron los tubos de intestino o vejigas de animales, especialmente corderos que se cerraban en uno de los extremos. Los chinos usaron exquisitos papeles de seda previamente aceitados con aromas diversos. Los primeros condones solo cubrían el glande, después vino la versión completa que cubría todo el miembro.

Los tiempos y las circunstancias cambiaron, el condón encontró un nuevo uso como elemento protector contra la infección de las enfermedades venéreas. Fue en el siglo XVI cuando el médico italiano Gabriel Fallopio introdujo su uso para aminorar los contagios de la sífilis que se extendía como el fuego por toda Europa; pero esa es una historia que contaremos en otra ocasión.

Las percepciones, las sociedades, los tiempos y los recursos tecnológicos cambiaron, modificaron todas las estructuras sociales y económicas y abrieron nuevas oportunidades para los reclamos y las protestas femeninas que presionaron para que se iniciara algún proyecto formal orientado al desarrollo de un método anticonceptivo para hombres. Han habido varios intentos por parte de importantes compañías farmacéuticas y se han logrado avances espectaculares que de pronto se han descontinuado o bien cancelado sin ninguna explicación; quizá el mas promisorio fue el que patrocinó el WHO (World Health Organization) junto con otras organizaciones de talla internacional.

Hace diez años, estas poderosas instituciones promovieron la investigación y   desarrollo de un anticonceptivo masculino y obtuvieron resultados excepcionales. El producto era un derivado de testosterona con acción prolongada mezclado con un isómero de progesterona femenina, dicho compuesto superó todas las pruebas clínicas, dado su éxito se decidió ensayarlo en 320 parejas voluntarias. Los resultados fueron espectaculares, resultó efectivo en el 96% de los ensayos y los efectos secundarios fueron mínimos. Todo un éxito, todavía no terminaban de celebrar cuando un comité de la misma WHO dictaminó meses después que los efectos secundarios eran inciertos y que por lo tanto los resultados debían invalidarse. Fue todo un escándalo político y social en el que la comunidad científica protestó por mucho tiempo. Sin embargo, el asunto se fue enfriando y las compañías farmacéuticas perdieron el interés por estos proyectos a pesar del éxito en mercadotecnia que esto significaba.

Nadie dio explicaciones, nadie siguió protestando, todo se acalló como si alguien hubiera borrado el tema de las mentes de todos los interesados. Existe la sospecha de que las iglesias poderosas en contubernio con los gobiernos reaccionarios influyeron en la cancelación del proyecto y de paso coaccionaron a la industria farmacéutica para abandonar estos proyectos.

Sin embargo, es oportuno aclarar que existe una consideración natural muy importante basada en el funcionamiento endocrinológico del hombre y la mujer. Dicho razonamiento es el siguiente:

La naturaleza de la mujer esta regida por la acción de las hormonas, éstas regulan su menstruación, el embarazo, el alumbramiento, la lactancia, la menopausia, etc. Es un conjunto de reacciones causa-efecto que modula la fisiología y las emociones de ella, en las diversas etapas de su vida.

Mientras que el hombre simplemente no experimenta esos cambios tan drásticos, simplemente produce su testosterona que a su vez promueve el desarrollo de sus espermatozoides en forma automática, sin mayores tropiezos. La testosterona es la pieza angular de su masculinidad y cualquier desajuste inducido podría ocasionar consecuencias inesperadas muy desagradables.

 

A pesar de todas estas vicisitudes, aún perduran algunos esfuerzos por revivir estos proyectos, esta ocasión son las instituciones universitarias las que han tomado la iniciativa de desarrollar productos que garanticen el control natal con un mínimo de efectos secundarios o terciarios. Una de las líderes de este programa es la Doctora Stephanie Page, endocrinóloga de la Universidad de Washington, School of Medicine, en esfuerzos conjuntos con investigadores de Los Angeles Biomedical Research Institute, han logrado desarrollar productos que reducen la capacidad de síntesis de la testosterona y en consecuencia, la inhibición del desarrollo de espermatozoides, con un mínimo de efectos secundarios.

El primer producto es una píldora cuyo producto activo es el undecanato de dimetandrolona (DMAU), hasta ahora la investigación se complementa con estudios clínicos para asegurarse de los efectos tardíos del tratamiento, posteriormente se piensa continuar con la participación de parejas voluntarias.

El otro producto es un gel cuya base es la Nestorona, una progestina sintética que debe untarse en brazos y hombros del individuo. Los resultados han sido muy promisorios pues el principio activo se absorbe bien y permanece el tiempo suficiente en el torrente circulatorio como para causar el efecto deseado.

Las perspectivas para ambos productos son involucrar a otras universidades o instituciones de investigación y realizar ensayos con parejas voluntarias. Tratar de negociar con algún país o con alguna compañía farmacéutica que se interese por lanzar al mercado cualquiera de los productos.

Son otros tiempos, otras circunstancias, otras sociedades; tal vez en esta ocasión el proyecto tenga el éxito esperado.

REFERENCIAS: Sifferlin, Alexandra., This Man Wants to be on Birth Control. TIME. June 18, 2018.
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Número 22 - Octubre 2018
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