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El poder de la rehabilitación

Lunes, 09 de Abril 2018 - 15:00

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Antonio G Trejo

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"Mientras hay vida, hay esperanza", Dominio Popular                    

En el artículo anterior: Jugando con Fuego se describieron ampliamente los riesgos de usar la tecnología tDCS en forma ligera e irresponsable. Es ahora la ocasión de mostrar como esta misma tecnología usada en forma ordenada y metódica ofrece mejores perspectivas para los infortunados que sufrieron un derrame cerebral.

El derrame cerebral es una disfunción que se presenta cuando por cualquier causa, existe una falta de irrigación sanguínea a nivel del cerebro, causando una disminución o una falta de oxígeno en los tejidos inmediatos a las regiones afectadas. Obviamente, el número de funciones y órganos afectados será proporcional al tiempo que dure la falta de irrigación. Cada año, 15 millones de personas sufren este accidente cerebrovascular de los cuales 5.5 millones mueren y otros 5 millones quedan inválidos parcial o totalmente y solo el 51% tienen la oportunidad de rehabilitarse, por causas diversas.   

Tal como se mencionó previamente, el tDCS es una tecnología frecuentemente usada en los hospitales para rehabilitar a los pacientes que se están recuperando de un derrame cerebral. En ella intervienen una serie de especialistas muy calificados (médicos, enfermeras, neurólogos, fisioterapeutas, etc.) todos con asignaciones bien definidas y siguiendo protocolos y procedimientos establecidos conforme a la fisiología, la bioquímica y las actividades motoras del paciente. La investigación que se describe a continuación se realizó en el hospital Sir Charles Gairdner en Perth, Australia, obteniéndose resultados de gran impacto en la comunidad internacional dedicada a la neurología, presentándose en conferencias especializadas y publicados en revistas científicas de reconocido prestigio.1

La selección de los pacientes fue muy rigurosa porque había que escoger a los que presentaran mejores perspectivas de recuperación. Una de las condiciones más críticas es que debían haber sufrido el derrame cerebral y someterse al tratamiento en un plazo no mayor de 14 días. Fue difícil conseguir pacientes que llenaran los requisitos y que estuvieran dispuestos a participar en el estudio. En total, se registraron 14, de los cuales 7 recibieron el tratamiento y los otros 7 fungieron como testigos (sin recibir el tratamiento). Todos debían ser evaluados clínicamente para determinar el daño y pronosticar el nivel de recuperación. Todos debían estar dispuestos al tratamiento, el cual quedaba ampliamente documentado ante las autoridades del hospital, del estado y de la Comisión de Ética, que valora y regula este tipo de investigación donde participan los pacientes como sujetos de experimentación. No hay sorpresas, todo mundo sabe: el qué, cómo y cuándo hacer.

  • Los preparativos empiezan con la calibración de los equipos, las medidas y otras formas cuantitativas que se utilizaron, incluyendo el diseño de los arneses y la disposición específica de los electrodos para cada paciente.
  • El tratamiento consta en tres etapas: a). – aplicar la neuroestimulación a las partes proporcionales del cerebro que han sido afectadas. b). – aplicar la terapia física y la ocupacional con el fin de recuperar el movimiento y la coordinación de los miembros superiores (brazos y manos) que resultaron afectados
  • Medir el progreso de las actividades neuromotoras y mantener las funciones neuromotoras coordinadas.

Todas las actividades se realizaron en un ambiente tranquilo y relajado, sin interrupciones. El especialista coloca el arnés y dispone los electrodos en los sitios craneales correspondientes a las regiones afectadas del cerebro (basado en los resultados previos señalados por el neurólogo).

  • Aplicar una corriente de 1 mA durante 20 minutos por 5 días seguidos durante un lapso de 2 semanas.
  • Al mismo tiempo, se observa y se documentan los resultados del paciente para ajustar los detalles de las sesiones de las terapias física y ocupacional y medir cuantitativamente los resultados, con el fin de determinar la efectividad del tratamiento.
  • En este estudio se utilizaron 14 pacientes los cuales se dividieron en dos grupos de 7, unos recibieron el tratamiento y los otros sirvieron como blancos (sin recibir descarga alguna, pero sin ellos saberlo); esto con el fin de estandarizar las condiciones del experimento y obtener datos más confiables, es una práctica que se introduce en todo diseño experimental.

La sintomatología que deja un derrame cerebral es muy dramática, debido a que todas las células y tejidos neurales son sumamente delicados y muy susceptibles a la falta de oxígeno. Es sabido que los compartimentos de nuestros cerebros están muy definidos, donde cada área controla rigurosamente las funciones anatómicas y funcionales de nuestro cuerpo y cualquier daño afectará drásticamente las áreas aledañas, produciendo lo que se llama un daño en cascada, donde las funciones y reacciones a la lesión principal se deteriorarán en secuencia, como si fuéramos apagando manualmente las luces de un pasillo muy largo. De esta manera, se ha observado que los síntomas clásicos de esta disfunción son: la pérdida del tono muscular de la mitad de la cara (parpado caído), la disminución del control muscular de alguno de los miembros superiores, confusión, habla inteligible, en lo que concierne al plano anatómico y fisiológico. En el plano bioquímico, se inicia un caos en el funcionamiento y la concentración de los iones sodio y calcio, y todo un desajuste en los neurotransmisores como el ácido gama aminobutírico, la serotonina, etc.

Todas estas alteraciones hacen que la rehabilitación sea lenta y rigurosa y que solo se puede realizar en un ambiente controlado y coordinado por personal entrenado, siguiendo los lineamientos de varias metodologías basadas en el conocimiento y la experiencia clínica.

Los resultados logrados demuestran que es factible estimular a los pacientes para que estos logren recuperar sus funciones anatomo fisiológicas y bioquímicas; lo más importante del estudio es que han sentado las bases científicas para aplicar esta metodología. La autora señala que no fue posible evaluar cuantitativamente la recuperación del movimiento y la coordinación de los miembros superiores afectados, no porque no se hayan dado sino porque el número de casos no cumplen con los rigores estadísticos para evaluar estos datos. Sin embargo, es muy significativo mencionar que 10 de los 12 pacientes sometidos al tratamiento obtuvieron resultados excelentes, recuperando movimientos coordinados y que tan solo dos pacientes no lograron los resultados esperados debido a estados depresivos y otras situaciones emocionales negativas, tal vez necesiten más tiempo para alcanzar una etapa de recuperación más apropiada para ellos. En cambio, los otros 10 siempre mostraron una actitud de esperanza y confianza en sus esfuerzos de rehabilitación. Esta disposición tan positiva fue un gran aliciente y un gran estímulo para el paciente y para los que realizaron las terapias. Crearon un ambiente único difícil de describir y sin duda mostraron que en ocasiones la mente y el deseo de recuperación son factores indispensables para obtener los mejores resultados en cualquiera de los tratamientos.

Otro aspecto que vale la pena resaltar es que nuestro cuerpo de alguna manera valida nuestros estados físicos y emocionales y pugna en forma natural por rehabilitarse ante cualquier adversidad extraña o anormal, es algo fuera del alcance y el control de la medicina convencional que todos conocemos.

Afortunadamente, todavía existen algunas personas tal vez místicas o simplemente extraordinarias que tienen la gran capacidad de conocer su cuerpo o el de otros y que saben reconocer las disfunciones o los males ajenos y que a través de la meditación y visualización de un cuerpo sano son capaces de situar a los enfermos/pacientes en un plano de equilibrio con el universo. La actitud positiva, la confianza y el balance son parte de una sanación extrínseca que todos poseemos pero que no sabemos inducir ni practicar. Solo alcanzamos a considerar esta posibilidad como algo extraordinario dentro de los logros científicos de la medicina. Es una lástima que muchos de nosotros estemos tan distantes de estos preceptos, incluyéndome yo mismo.

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Referencias

García Vega J.; A Pilot Investigation of the Safety and Feasibility of the Application of Cathodal Transcranial Direct Current Stimulation to the Contralesional Primary Motor Cortex Plus Standard Upper Limb Rehabilitation Post-Acute Stroke. Thesis, Master of Neurological Rehabilitation. University of Western Australia. August 2015.

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Número 18 - mayo 2018
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