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Crónicas del Año Cero (XVII): Antropoceno y olas de calor

Martes, 05 de Junio 2018 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Cuenta la leyenda que durante una conferencia celebrada en Cuernavaca, Morelos, hace 18 años, el premio Nobel de Química Paul J. Cruzen se impacientó al escuchar que se mencionaba al Holoceno como la época geológica actual y de manera espontánea exclamó que estamos viviendo en el Antropoceno. Desde la década de los 80, el limnólogo Eugene F. Stoermer ya venía usando el término de manera informal, pero fue el peso de Cruzen el que disparó el uso del concepto. Desde luego, no eran los únicos científicos que hablaban de que el impacto de los seres humanos sobre el planeta merecía que se repensara la clásica clasificación geológica. Otros conceptos utilizados para designar esta época fueron “Homogenoceno” (Michael Samways) y “Antroceno” (Andrew Revkin).

Los opositores al cambio de clasificación argumentan que no hay suficientes evidencias y que la clasificación propuesta tiene más un sentido de declaración política que una idea científica seria. Como quiera que sea, el término se ha extendido y ahora se le usa como un concepto geológico, pero también cultural. Se ha discutido cuándo habría iniciado el Antropoceno. Algunos lo sitúan al comienzo de la Revolución Industrial, mientras que otros proponen que sea al comienzo de la agricultura. Inclusive no falta quien proponga que sean las pruebas atómicas las que inicien el Antropoceno por su impacto en los seres vivos y en el entorno.

Más allá de estas discusiones, muchos ven en el Antropoceno una época que en términos amplios puede definirse como la de la depredación a escala planetaria de los recursos naturales y un impacto negativo, tal vez insuperable, en el mundo. El Antropoceno es, también, el tiempo del calentamiento global. Este se define como la elevación de la temperatura en el sistema climático de la Tierra y sus efectos. Estos efectos no sólo se plasman en las olas de calor, como las que actualmente se viven en México, sino también en sequías, calentamiento de los mares, tormentas cada vez más violentas y heladas fuera de tiempo y muy intensas. ¿Cómo nos está afectando a los seres humanos y al entorno? Es difícil saberlo. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año mueren prematuramente alrededor de siete millones de personas debido a la contaminación. Pero el dato puede estar subestimado puesto que en China se cree que alrededor de 3.3 millones de personas mueren a causa de la contaminación del aire. Es claro que nos enfrentamos a un problema que no ha sido convenientemente medido ni en los efectos hacia los seres humanos ni hacia los demás seres vivos y el entorno.

Un estudio publicado por una universidad australiana en la revista “Scientific Reports”[i] señala que una elevación de 2°C por encima de los niveles preindustriales provocaría que en muchas regiones del planeta los veranos se convirtieran en una larga ola de calor. Por encima de este punto, varias zonas se volverían inhabitables. El estudio concluye que los límites máximos fijados por el Acuerdo de París (1.5-2°C) son en realidad demasiado altos. Desde hace varios años, especies marinas están migrando hacia el norte en busca de aguas más frías. Especies de insectos, como los mosquitos, también avanzan aprovechando el calor y se instalan en sitios en donde causan epidemias y muertes.

En conclusión, no tenemos una evaluación realista de los impactos que la especie humana ha hecho al planeta, pero de no remediarlo, el Antropoceno será la última época registrada por los seres humanos.


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Número 23 - Noviembre 2018
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