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Crónicas del Año Cero (XVI): ¿está decayendo la inteligencia humana?

Miércoles, 02 de Mayo 2018 - 15:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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El mayor rasgo de vanidad de la especie humana es su enamoramiento de la inteligencia que nos sacó de una supervivencia difícil y nos llevó a convertirnos en la especie dominante del planeta. No hay nada que se pondere más ni que sirva de rasgo más distintivo entre el ser humano y el resto de los seres vivos y el medio ambiente que la inteligencia. En su nombre, nos hemos atribuido el derecho de hacer lo que queramos con el planeta. 

Pero la inteligencia humana es un concepto elusivo. Wikipedia propone la siguiente definición: “la capacidad de generar información nueva combinando la que recibimos del exterior con aquella de la que disponemos en nuestra memoria. Se trata de una capacidad general que implica varios factores: el pensamiento abstracto dirigido hacia la resolución de problemas o en la capacidad de adquirir conocimientos.” Por supuesto, hay muchas definiciones más, pero tomemos como punto de partida la de Wikipedia.

En general, los seres humanos tienen la impresión de que cada generación es más “inteligente” que las anteriores. No es extraño que los padres se muestren orgullosos de que sus hijos hayan mostrado desde temprana edad una serie de “habilidades” para el manejo de gadgets o el aprendizaje de conocimientos (idiomas, matemáticas, datos generales, etc.) que a sus antepasados les llevó mucho tiempo de adaptación o a los que nunca se pudieron adaptar.

Pero, tal vez, este es otro espejismo surgido de la vanidad por la “inteligencia”. Varios investigadores de diversas disciplinas han asegurado que la “inteligencia humana”, cualquier cosa que sea eso, está decayendo. Uno de ellos es el Dr. Gerald Crabtree, genetista e investigador de la Universidad de Stanford y del Instituto Médico Howard Hughes, quien sostiene que la decadencia intelectual está relacionada con mutaciones genéticas adversas. Siguiendo su razonamiento, los seres humanos con estas mutaciones genéticas adversas tienen hoy más posibilidades de sobrevivir y “heredar” sus mutaciones adversas a la siguiente generación gracias al sostén de una sociedad más “comprensiva”. Más allá del tufillo eugenésico y el darwinismo simplón, el doctor Crabtree ha puesto sobre la mesa un tema interesante.

Otros investigadores, menos simplones, publicaron hace algunos años los resultados de una investigación sobre la enorme cantidad de fluoruro usada en el agua. Estos investigadores de Harvard mandaron sus conclusiones a la revista Environmental Health Perspectives. Aseguran que esta sobredosis de fluoruro para potabilizar el agua puede colaborar a disminuir el coeficiente intelectual e “idiotizar” a la población. Otros estudios apuntan las mismas afectaciones procedentes de otros productos usados de manera común: pesticidas, alimentos procesados consumidos de manera excesiva, jarabe de maíz rico en fructosa y la contaminación por cierto tipo de metales en el aire, la tierra y el agua.

Pero hay más: el Daily Mail publicó hace poco que investigadores de varios países (Reino Unido, Dinamarca y Australia) creen que la “inteligencia humana” ha llegado a su límite. Esto lo concluyeron después de comparar diversos estudios y análisis de numerosos exámenes de coeficiente intelectual realizados a habitantes de esas naciones. De acuerdo a esto las personas se volvieron menos inteligentes en la pasada década, bajando más de 1,5 puntos desde 1998. Es decir, el llamado efecto Flynn[1] llegó a su fin.

Muchos dirán que todo esto tiene tintes de pseudociencia, pero las conclusiones se están multiplicando alrededor del mundo. Los estudios se acumulan. Es muy probable que este fenómeno se deba a causas derivadas del medio (contaminación, estrés, etc.) o sociales y no genéticas, pero la pregunta es: ¿cuáles son las consecuencias a mediano plazo de esta decadencia de la “inteligencia humana”?, ¿menos capacidad de adaptarse a los cambios que se vienen?

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Número 20 - agosto 2018
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