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Así fue…

Lunes, 11 de Diciembre 2017 - 15:00

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Antonio G Trejo

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1346, año de la Peste Bubónica.

Ningún otro tema dentro de la historia de la medicina ha sido más investigado y documentado que la peste bubónica. Aunque esta pandemia no ha sido la más mortífera en la historia de la humanidad, esta revestida por hechos verídicos que retratan la cultura de la época, la audacia de los comerciantes italianos, los esbozos de la guerra biológica, la epidemiología, la sobrepoblación, etcétera, como veremos a continuación.

Hallazgos antropológicos recientes sugieren que los orígenes de la pandemia están localizados en lo que hoy es Etiopía y Kirguistán (antigua república soviética) y que de aquí se diseminó al Asia Central en brotes discretos, manteniéndose en forma latente durante muchos años. Se trata de una enfermedad muy vieja que ha azotado a la población mundial en tres ocasiones distintas y que ha diezmado a las poblaciones de Europa, Oriente Medio y el Norte de África; inclusive, ha sido descrita con detalle en textos antiguos como: la Biblia, la Ilíada, el Decamerón y otras crónicas locales. En esta ocasión haremos mayor referencia a la sucedida en 1346 por ser la más documentada.

El agente causal de esta infección es la bacteria Yersinia pestis, un microorganismo muy peculiar que no esta adaptado para subsistir en ambientes naturales, sino condicionado a las temperaturas de los animales de sangre caliente, como las ratas. Otra característica importante es que existen por lo menos dos variedades del microorganismo, una inocua y la otra sumamente infecciosa. La patogenicidad es determinada por la presencia de varios plásmidos (anillos de ADN localizados fuera del cromosoma bacteriano que se integran o permanecen separados de él); y que son el factor que regula la infectividad traducida en la biosíntesis de varias toxinas que causan los siguientes síntomas: fiebre elevada, agotamiento total, dolor de cabeza, vómito, diarrea, hipersensibilidad a la luz y desarrollo de pústulas violáceas que se llenan de líquido sanguinolento y que aparecen a lo largo de la cadena ganglionar, terminando por obscurecerse (lo que da el nombre a la enfermedad: peste bubónica o muerte negra), con aliento fétido y un olor a putrefacción avanzada.1 Los infectados literalmente se están pudriendo en vida, generalmente mueren de dos a seis días después del contagio.

La infección se puede desarrollar como una septicemia o bien como una peste pulmonar, dependiendo los órganos internos que invada la bacteria; en ambos casos el pronóstico es fatal, de no recibir atención inmediata.  

Cabe aclarar que la peste no es una enfermedad habitual en los humanos sino de animales silvestres que por accidente se contagian debido a una serie de circunstancias resultantes de algún desastre natural, desajuste ecológico u otro fenómeno climático. Diversas crónicas chinas y documentos en manuscritos árabes de la década 1320 – 1330 reportaron algunos de los factores que influyeron en el desarrollo de esta pandemia, tales como: cambios bruscos del clima, lluvias copiosas y frías ráfagas, ataques de plagas agrícolas, desbordamiento de ríos y hacinamiento de las poblaciones que produjeron condiciones de vida desfavorables, especialmente una desnutrición en general. Después hubo temblores y sequías que obligaron a los hombres a salir y explorar otras tierras en busca de mejores condiciones de vida. Hordas de jinetes tártaros y mongoles se aventuraron por tierras desconocidas y fundaron asentamientos humanos en lo que después se conocerían como sitios de reposo de la llamada Ruta de la Seda.

En esos tiempos, los hombres no tenían muchas opciones, sus principales preocupaciones eran la guerra y el comercio. Los Genoveses y los Venecianos siempre han tenido una gran tradición por el comercio y la navegación, de hecho, exploraron y establecieron varias rutas que conducían hacia el Oriente, sus viajes fueron tan frecuentes que en 1266 un grupo de empresarios Genoveses decidieron comprar a los tártaros un extenso terreno con salida al mar, lo que se conocía como el puerto de Kaffa; lo que hoy se llama Feodosia en Ucrania. Ahí establecieron una especie de colonia la cual amurallaron y convirtieron en una fortaleza que fue gobernada por ellos mismos. Feodosia fue una ciudad puerto muy importante, pues fue el paso obligado hacia la Ruta de la Seda.

Antes de 1346 los jinetes tártaros infectados habían hecho estragos en Astracán y Azerbaiyán, dejando a su paso una estela de muerte y desolación. Posteriormente, en 1346 sitiaron Kaffa, donde después de un largo asedio, los caballos y soldados del Khan empezaron a morir de la misma muerte negra. Las bajas fueron tan cuantiosas que el Khan decidió abandonar el sitio, no sin antes catapultar los restos putrefactos de animales y humanos, a través de las murallas. Las masas sanguinolentas volaron por los aires, despidiendo un hedor insoportable; los habitantes de Kaffa de inmediato acarrearon los despojos hacia el mar o bien los quemaron en varias piras funerarias.

Sin embargo, durante la manipulación y el transporte, también acarrearon la fuente del contagio; las pulgas que abandonaban los restos fríos buscaron el calor entre las ropas y los cuerpos de los amurallados. El ciclo infeccioso comenzó de nuevo.

La Yersinia pestis es el agente infeccioso causante de la peste bubónica, la bacteria al detectar su nueva estancia empieza a producir proteínas toxicas en su citoplasma y las transfiere directamente a los citoplasmas de los mamíferos hospederos (roedores, gatos, etc.) donde causan una serie de trastornos inmunológicos irreparables. Posteriormente, las bacterias invaden el tracto digestivo de las pulgas y se reproducen en tal cantidad que bloquean el conducto alimenticio, la pulga alcanza a expulsar o regurgitar la masa bacteriana y con ello infecta a su nuevo hospedero. La bacteria se disemina a través del sistema linfático o hacia el torrente sanguíneo. Si la biomasa bacteriana llega al sistema linfático, éste se desarrollará en los bubones violáceos; pero si llega al torrente sanguíneo, se distribuirá rápidamente causando la peste por infección pulmonar, la cual es transmisible por contacto directo de humano a humano.1

Obviamente, el comandante Tártaro, Khan Janibeg no sabía de epidemiologia ni de contagios, pero tuvo una maldad y una intuición inauditas, ya que ambas costaron la vida a millones de habitantes de Europa, Oriente Medio y el Norte de África; además de ser el primer reporte documentado de guerra biológica.2

Al término del asedio, los comerciantes italianos deciden regresar y a principios de octubre de 1347, doce embarcaciones atracaron en el puerto de Mesina. Los lugareños quedaron estupefactos al ver descender a los individuos en andrajos, desorientados, desfigurados por los bubones y lo peor, el fétido olor que despedían, obviamente nadie se acercó a socorrerlos. Lo mismo sucedió con las caravanas que se dirigieron hacia Constantinopla. Todos los infelices infectados deambularon por puertos y caminos esparciendo su mortal plaga que hizo colapsar al mundo bizantino, causó gravísimos estragos en la India y China, devastó por completo a Europa e hizo que el gran Imperio Mongol se disolviera. El colapso económico fue enorme, por algún tiempo los exploradores disminuyeron sus actividades, la mano de obra escaseó promoviendo un incremento de la esclavitud, la Iglesia Católica vendió una vez más el concepto del castigo divino, por razones políticas y económicas, se aplazó el descubrimiento del Nuevo Mundo. Así fue…

La Yersinia pestis sigue ahí, agazapada en los tractos digestivos de las pulgas y en los arsenales de guerra biológica de los principales países.

Todo parece indicar que alguien esta esperando la oportunidad para manifestarse.

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Referencias

  1. Salyers, A. A.; Whitt, D. D. Bacterial Pathogenesis A Molecular Approach American Society for Microbiology Press; 2002 Washington, D.C.
  2. Martin, S; The Black Death. Chartwell Books, 2007, Edison, New Jersey.
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Número 16 - marzo 2018
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